La exfiscal general repasa en su autobiografía episodios internos de las investigaciones de Sobornos, Odebrecht, Freddy Carrión y Sinohydro, con detalles inéditos de esas causas.
La exfiscal general de Ecuador Diana Salazar recoge en su libro autobiográfico Diana, más allá de la fiscal varias escenas poco conocidas de cuatro investigaciones de alto impacto que marcaron su carrera. La obra, de 240 páginas, fue presentada en Quito la semana pasada.
Salazar dice que el texto se alimentó de sus notas personales y de testimonios de sus familiares y de fiscales que trabajaron con ella. En sus páginas relata cómo avanzaron los casos Sobornos 2012-2016, Odebrecht, Freddy Carrión y Sinohydro, y cómo se tomaron decisiones clave dentro de esas pesquisas.
Sobornos 2012-2016: la captura de Pamela Martínez cambió el rumbo
En el caso Sobornos 2012-2016, que al inicio estuvo a cargo de la fiscal Ruth Amoroso, se investigó un entramado de coimas que, según el libro, terminaban en el extinto movimiento correísta Alianza PAIS. Salazar cuenta que los nombres que aparecían al principio en el expediente no parecían tener gran peso: Pamela Martínez y Laura Terán.
Sin embargo, asegura que insistió en interrogar a Martínez y que su localización fue decisiva. Según su relato, la exfuncionaria intentó salir del país y finalmente fue ubicada en el aeropuerto de Guayaquil, donde se concretó su detención. También afirma que otra procesada fue localizada en Quito.
La exfiscal añade que, durante la investigación, apareció una posible cooperación eficaz que aportaba información desde ministros hasta la cúpula del partido, y que luego se allanó la Secretaría Jurídica de la Presidencia. De ese trabajo, dice, surgieron los llamados “archivos verdes”, con nombres de funcionarios, códigos, ministros, candidatos, obras nacionales, beneficiarios y representantes de grandes empresas. En 2020, Rafael Correa, Jorge Glas, exministros y exlegisladores fueron sentenciados por cohecho agravado.
Odebrecht: el choque con Carlos Baca Mancheno
Salazar también reconstruye su papel en la investigación de Odebrecht, que asumió en 2017 cuando era fiscal de la Unidad de Lucha contra la Corrupción. Explica que la causa venía de las pesquisas del Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre el pago de sobornos de la constructora.
En ese capítulo narra el momento en que informó al entonces fiscal general Carlos Baca Mancheno que había suficientes elementos para vincular a Jorge Glas. Según su versión, Baca dudó, pidió revisar el expediente y retrasó la decisión. Salazar afirma que, al agotarse el plazo procesal, redactó el impulso fiscal y lo entregó por su cuenta.
En el relato aparece una llamada de Baca con Rafael Correa, en la que, de acuerdo con el libro, se escuchó la frase: “No me diga que esto es traición”. Salazar sostiene que ese episodio marcó la caída política de Baca y su posterior destitución por juicio político. Más tarde, el 13 de diciembre de 2017, Glas fue condenado a seis años de cárcel por asociación ilícita; la Fiscalía, según el libro, demostró que recibió 13,5 millones de dólares en sobornos.
Freddy Carrión y Sinohydro, dos frentes distintos
Sobre el caso que involucró al exdefensor del Pueblo Freddy Carrión, Salazar afirma que libró dos batallas: probar la culpabilidad del acusado y defender su propia reputación. Relata que la noche del 15 de mayo de 2021 hubo pruebas científicas, testimonios y registros gráficos que, a su juicio, acreditaban los hechos. También señala que pidió una condena con la pena máxima prevista, aumentada en un tercio, y que los jueces lo sentenciaron a prisión.
La exfiscal agrega que, tras la condena, la esposa de Carrión, Priscila Schetinni, impulsó una campaña en su contra y la acusó de plagio en su tesis universitaria. Según Salazar, ese ataque buscaba incluso poner en duda la validez de su título de abogada.
En el caso Sinohydro, Salazar sostiene que dio un giro a la investigación cuando asumió el expediente. En su libro dice que se hablaba de 76 millones de dólares en coimas, equivalentes al 4 % del contrato, y que el dinero habría circulado mediante consultorías y representaciones ficticias, además de dádivas, cheques y transferencias.
También afirma que reorientó la pesquisa desde cero y revisó el contrato del proyecto en su totalidad. En ese recuento menciona responsabilidades de integrantes de la comisión técnica, de ciudadanos chinos y del exembajador chino Cai Runguo, a quien señala como gestor para la suscripción del contrato. Salazar resume su posición como una investigación abierta, no limitada al círculo del exvicepresidente, sino enfocada en todos los beneficiarios.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.