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Economía e inmigración: Efecto Trump irrumpe en Canadá

Las políticas del presidente Donald Trump en materia migratoria y sus posiciones proteccionistas en torno a convenios bilaterales y multilaterales, afectan intereses vitales de Canadá, principal socio comercial de Estados Unidos.

Uno de los temas más controversiales es el posible impacto de la renegociación que Trump pretende hacer del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), a pesar de que el mandatario prometió elevar a índices superiores los intercambios entre los dos países.

Durante su visita a Washington a mediados de febrero, el primer ministro Justin Trudeau señaló que la eventual reconsideración del Tlcan constituye una verdadera preocupación para muchos canadienses, porque la economía del país depende mucho de la relación con su vecino del sur.

Los socios de Canadá en el acuerdo recibieron en 2014 tres cuartas partes de las exportaciones de mercancías y 60 por ciento de las ventas de servicios de este país al exterior.

En medio de este debate en torno al Tlcan, al cual también pertenece México, una encuesta realizada del 6 al 9 de febrero pasado por el Instituto Angus Reid reveló que 44 por ciento de los canadienses estima que el convenio beneficia a su país, mientras 13 por ciento considera que lo perjudica.

Las cifras muestran un cambio en relación con una pesquisa similar del verano pasado, según la cual apenas 25 por ciento consideraba que el acuerdo era positivo para Canadá.

El peligro de eventuales cambios al Tlcan y de una posible afectación en los vínculos bilaterales impulsó en las últimas semanas la visita de autoridades de las provincias canadienses con lazos comerciales más fuertes con el vecino del sur.

En ese sentido se destaca el viaje de la primera ministra de Alberta, Rachel Notley, quien estuvo tres días en la capital norteamericana, donde se reunió con los gobernadores de los estados de Montana y Wyoming, Steve Bullock y Matt Mead, respectivamente, y los senadores Steve Daines (republicano) y Jon Tester (demócrata).

Entre los temas de discusión de la funcionaria estuvo el daño que representa para su territorio la propuesta de líderes republicanos estadounidenses de incrementar en 20 por ciento los aranceles de los productos canadienses que atraviesan la frontera, incluyendo el petróleo.

Al respecto, Notley declaró a la prensa antes del viaje, que con el proteccionismo en aumento en Estados Unidos, «una economía impulsada por las exportaciones como la nuestra tiene que abogar por sus intereses tanto en Ottawa como en Washington, utilizando todos los medios disponibles».

Alberta exportó a Estados Unidos en 2016 mercancías y servicios por más de 68 mil millones de dólares -75 por ciento del total de ventas al exterior- y el intercambio bilateral totaliza alrededor de 85 mil millones de dólares en sectores de la alimentación y forestales.

En igual período las importaciones de dicha provincia desde el vecino sureño llegaron a 16 mil 400 millones, cerca de dos tercios del total de las compras del territorio en ultramar.

Este fue el primer viaje de un jefe de gobierno provincial al vecino país desde la toma de posesión de Trump el 20 de enero pasado, pero otros líderes a ese nivel visitarán Washington D.C. en los próximos meses.

Trudeau vuelve a EE UU

En medio de todo este debate se produce la segunda visita de Trudeau a Estados Unidos, en menos de un mes, aunque esta vez no de carácter oficial, sino para participar el 9 de marzo en la 35 Feria Energética (CERAWeek) en la  ciudad estadounidense de Houston, Texas.

Trudeau hablará allí acerca de la estrategia de su administración para vincular el desarrollo económico con el liderazgo ambiental y la innovación en energías renovables.

Informes oficiales del Gobierno canadiense señalan que ese país es en la actualidad el proveedor líder y más seguro de productos energéticos a Estados Unidos, incluyendo petróleo crudo y refinado, gas natural, electricidad y uranio.

A mediados de febrero, Trudeau realizó una visita oficial a Washington D.C., donde sostuvo una reunión con el presidente Trump, en la que ambos centraron sus análisis en temas económicos y en particular del Tlcan.

Estados Unidos es el principal socio comercial de Canadá, y ambas naciones sostienen un intercambio ascendente a unos 660 mil millones de dólares anuales, además de que alrededor de 75 por ciento de las exportaciones de Ottawa se dirigen a su vecino del sur. Choques en el tema migratorio

Pese a algunas diferencias entre Washington y Ottawa, en el ámbito comercial hay voluntad mutua de avanzar, pero una situación un poco más compleja existe en cuanto a emigración.

La administración del presidente Barack Obama aceptó en su último mandato la entrada de 12 mil refugiados sirios, mientras Canadá permitió la llegada de 40 mil y hay varios centenares que arribarán en los próximos meses.

En ese contexto, el 6 de marzo pasado Trump emitió una nueva orden ejecutiva, para suspender de forma temporal el arribo de inmigrantes de Irán, Somalia, Sudán, Yemen, Siria y Libia, aunque no afecta a individuos a quienes se les otorgó la visa de entrada al país antes del 27 de enero.

Esta y otras controversiales decisiones de Trump en la materia, así como sus declaraciones contra los indocumentados que residen en Estados Unidos, provocan seria preocupación en las autoridades federales canadienses.

No se trata solo de una diferencia de fondo en este aspecto, sino al hecho de que desde la toma de posesión del magnate inmobiliario el 20 de enero, aumentó de manera significativa el número de extranjeros que cruzaron la frontera hacia Canadá.

Las autoridades federales canadienses insisten en que esto aún no alcanzó un nivel de crisis, pero en los primeros dos meses de 2017 unas mil 700 personas pidieron ser procesadas como refugiados en los puntos de entrada desde territorio estadounidense, más del doble de los 728 casos reportados en 2016.

Según el diario The Star, en total Canadá recibió cuatro mil 961 solicitudes de asilo en enero y febrero, cifra que incluye peticiones hechas en la frontera terrestre y de otros que llegaron al país de manera legal o no a través de dicha línea limítrofe.

La cantidad supera en 48 por ciento a las tres mil 352 peticiones recibidas en los primeros dos meses de 2016, principalmente de ciudadanos de Djibouti, México, Turquía, Sudán, Palestina y Eritrea.

De acuerdo con los funcionarios, la mayoría de los inmigrantes portaban identificación así como una visa estadounidense válida, y todos son sometidos a un profundo proceso de investigación en coordinación con los servicios de inteligencia norteamericanos y de otros países.

El representante de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados ante el Gobierno canadiense, Jean-Nicolas Beuze, explicó recientemente a la cadena CBC News que durante una visita reciente a puntos fronterizos en la provincia de Quebec conversó con varios solicitantes de asilo.

Según Beuze, muchos de ellos argumentaron su decisión de viajar a Canadá porque en este país existe un clima menos agresivo contra los inmigrantes que en Estados Unidos, donde se sienten en riesgo y sin la debida protección jurídica, debido a la retórica y las recientes acciones ejecutivas del Gobierno de Trump hacia los extranjeros.

El funcionario de la ONU señaló que algunos de esos individuos carecen de papeles, pero muchos otros tienen permiso de residencia legal en el vecino país, a pesar de lo cual prefieren arriesgar sus vidas en una peligrosa travesía por caminos irregulares bloqueados por la nieve, con el fin de llegar a Canadá.

De acuerdo con CBC, aunque resulta difícil disponer de estadísticas confiables al respecto, funcionarios provinciales canadienses reportan un alza en el número de personas que buscan asilo, principalmente en las provincias de Manitoba y Quebec, fronterizas con Estados Unidos, y las autoridades carecen de los recursos suficientes para enfrentar este incremento.

De cualquier manera, en los nexos bilaterales parece primar la cordura, en medio del desorden que se percibe en Washington en las últimas semanas, y la mayoría de los expertos coincide en que, pese a las diferencias entre Washington y Ottawa, la sangre no llegará al río.

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