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  Después del EI, la peste y las minas acechan la ciudad libia de Sirte

En Al Giza al Bahriya, el último barrio arrebatado al grupo Estado Islámico (EI) en Sirte, la brisa marina se entremezcla con el olor mareante de la descomposición de los cadáveres sepultados bajo los escombros.

  “No hay que venir aquí. Tememos una epidemia de peste”, advierte el comandante Ahmad Bala, o “Al Mutatawa”, su nombre de guerra que en árabe significa “el decidido”.

  Los yihadistas pasaron los últimos meses atrincherados en este barrio que defendieron con uñas y dientes hasta su expulsión el 5 de diciembre, cuando las fuerzas partidarias del gobierno de unión nacional (GNA) anunciaron la toma de control de toda la ciudad de Sirte, conquistada por el EI en junio de 2015.

  Pero más de dos semanas después, los habitantes de Sirte, o al menos los que todavía tienen las casas en pie, no están autorizados a volver a ellas.

  “La situación en Al Giza al Bahriya no permite que los habitantes regresen. Decenas de cadáveres siguen bajo los escombros. El olor es terrible y nos exponemos a caer enfermos”, explica a la AFP el comandante Bala, a bordo de su todoterreno.

  Según él, los yihadistas del EI y sus familias se refugiaron en túneles para escapar de los bombardeos. “De pronto se encontraron bloqueados. Hombres, mujeres y niños murieron de hambre y sed bajo los escombros”, precisa.

  “No tenemos medios suficientes para sacar los cuerpos ni desminar la zona llena de artefactos” colocados por el EI, añade.    Amasijo de hierros.   Cerca de allí, tres cadáveres metidos en bolsas negras yacen en la plaza central del barrio, en medio de una indiferencia absoluta.

  “Los (miembros de la) Cruz Roja (libia) los sacaron hace dos días de entre los escombros. Los pusieron aquí y se fueron”, explica Mohamed, un combatiente. “No hay que reprochárselo. No tienen medios”.  

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