La agenda pactada en 2025 abarca exportaciones, cooperación policial e inteligencia. Analistas advierten que las reuniones presidenciales deberán traducirse en mecanismos y resultados concretos.
El comercio y la seguridad concentran los desafíos de la relación entre Brasil y Ecuador, luego de que Luiz Inácio Lula da Silva y Daniel Noboa acordaran en agosto de 2025 ampliar la cooperación bilateral. Analistas consultados consideran que el acercamiento deberá traducirse en avances para los exportadores ecuatorianos y en mecanismos sostenidos contra el crimen organizado.
El acceso de productos ecuatorianos sigue pendiente
La visita de Noboa a Brasilia fue la primera de un presidente ecuatoriano a Brasil en más de 18 años. En la reunión, ambos mandatarios plantearon una agenda de comercio, inversiones, conectividad, energía y seguridad, además de cooperación aduanera y tributaria y la modernización del Acuerdo de Complementación Económica n.º 59.
Sin embargo, el acceso del camarón y el banano ecuatorianos al mercado brasileño continúa entre los asuntos pendientes. La analista política y geopolítica Stephanie Macías propone una negociación técnica con requisitos sanitarios definidos y fechas verificables para habilitar esos productos.
Macías también menciona posibles oportunidades para el atún, las flores y el cacao, pero señala que hacen falta datos actualizados sobre importaciones, competidores y demanda. Brasil suspendió en febrero de 2026 las importaciones de almendras de cacao de Costa de Marfil por motivos fitosanitarios. Según la analista, esa situación podría abrir espacio para Ecuador, aunque el ingreso dependería de las condiciones sanitarias, los precios y la capacidad de abastecimiento.
Santiago Pérez, analista internacional y docente de la Universidad Técnica Particular de Loja, estima que Ecuador tuvo en 2025 un déficit no petrolero cercano a 927 millones de dólares frente a Brasil. El dato es una estimación atribuida a Pérez; el artículo no expone su metodología.
Pérez advirtió que, si en 2027 no se concreta el ingreso efectivo de camarón y banano, podría desgastarse el discurso de acercamiento y aumentar la presión del sector privado por medidas de reciprocidad. Ambos analistas sostienen que el tamaño del mercado brasileño no garantiza por sí solo exportaciones: también se requieren condiciones de acceso y compromisos acordados por los dos gobiernos.
La agenda de seguridad incluye inteligencia y coordinación policial
Los compromisos bilaterales de 2025 incluyen cooperación policial, intercambio de inteligencia e información y capacitación de las fuerzas de seguridad. También contemplan coordinación frente al narcotráfico, el tráfico ilícito de armas, el lavado de activos y los delitos ambientales, así como avanzar en la instalación de agregadurías policiales en Quito y Brasilia.
Pérez considera que Brasil puede aportar experiencia en inteligencia policial y cooperación regional. También plantea coordinar acciones con otros países amazónicos y menciona el Centro de Cooperación Policial Internacional de la Amazonía, con sede en Manaos, como un mecanismo para enfrentar redes criminales transfronterizas.
Macías coincide en que el crimen organizado es un problema compartido y señala que los acuerdos necesitan definir prioridades para convertirse en trabajo concreto. Pérez añade que cooperar con Brasil no excluye mantener vínculos de seguridad con Estados Unidos: a su juicio, hay espacio para colaboración técnica en inteligencia, seguridad amazónica y combate a las rutas del narcotráfico.
Los dos analistas advierten que las reuniones presidenciales, por sí solas, no resuelven los obstáculos comerciales ni enfrentan las redes criminales. La prueba será que los compromisos se conviertan en medidas sostenidas.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.