Paraguay celebra 206 años de su emancipación de la metrópoli española y, a pesar de decirse Día de la Independencia, en realidad los festejos abarcan dos jornadas.
Es algo bastante inusual, pero dentro de la lógica de los acontecimientos, pues ocurrieron el 14 y el 15 de mayo de 1811, aunque los historiadores siguen sin ponerse de acuerdo acerca de las fechas que definen los límites del proceso.
Sin embargo, generalmente admiten que a partir de la revolución de aquellos mes y año, y en adelante, la actual nación paraguaya se administró sin subordinación a gobiernos exteriores.
Al mismo tiempo de acabar con la dependencia de España, también rechazaba incorporarse al estado denominado Provincias Unidas del Río de la Plata, que pretendía ejercer soberanía sobre todos los dominios del extinto virreinato homónimo, incluida la intendencia de Paraguay.
En la noche del 14 de mayo de 1811 un grupo de jóvenes oficiales paraguayos se apoderó de los principales cuarteles de Asunción.
Fue en la madrugada del día siguiente cuando ellos presentaron una nota al gobernador español Bernardo de Velasco para exigirle la entrega de armas, dinero y documentos oficiales.
Según los expertos en el tema, al principio Velasco se resistió, pero después cedió a las exigencias y así perdió toda autoridad, aunque no fue separado del gobierno inmediatamente.
Aunque aquellos querían la independencia, todavía no la declararon abiertamente, sino que un triunvirato creado -del cual formó parte el propio Velazco- juró fidelidad al rey de España, Fernando VII, entonces en Francia, prisionero del emperador Napoleón.
Los análisis indican que eso fue una maniobra política, como parte de la utilizada en varias ciudades americanas que formaron juntas o gobiernos revolucionarios en tales tiempos.
Como ejemplos citan los de 1810, un año de insurrecciones en las colonias españolas de América, en las juntas de Caracas (19 de abril), Buenos Aires (25 de mayo), Bogotá (20 de julio), Quito (22 de septiembre) y Santiago de Chile (18 de septiembre).
Aquella permanencia del gobernador en la administración como figura simbólica fue una estratagema política de los revolucionarios paraguayos que disfrazaba el objetivo de la autonomía.
El doble peligro de que los planes en pro de la independencia nacional fueran descubiertos y la posible cooperación portuguesa -solicitada antes por el gobernador español- precipitaron los acontecimientos, para evitarla, señala la literatura especializada consultada.
Por eso, se agrega, en la noche del 14 y la madrugada del 15 de mayo los revolucionarios, a quienes califica de hombres de luces, valentía y patriotismo, asumieron la responsabilidad histórica de liberar a Paraguay del yugo español y constituirlo en una nación libre y soberana.
Por aquel entonces el pueblo paraguayo clamaba por cambios, quería la emancipación.
Ante el descontento popular, el gobernador Velazco buscó la cooperación de Portugal para mantener el régimen y la amenaza de esta alianza provocó adelantar la fecha del movimiento cívico-militar, señalado originalmente para el 25 de mayo.
Los relatos sobre aquella época afirman que el pueblo y las tropas invadían la plaza al grito de Viva la unión. En la madrugada del 15 de mayo se demandó también de Velazco la separación de los funcionarios españoles y de todos los miembros del Cabildo, que ningún buque saliera de Asunción y que el emisario portugués para concretar la mencionada alianza no abandonara la ciudad.
Velazco trató de rechazar la imposición, pero luego se dio cuenta de la inutilidad de su resistencia y optó por aceptar las condiciones impuestas.
Al atardecer de ese día fue izada la enseña paraguaya y 21 cañonazos saludaron el triunfo revolucionario.
A dos siglos y algo, los paraguayos engalanan el país con los colores patrios (azul, rojo y blanco de la bandera) en memoria de los próceres de aquella y otras gestas nacionales, aunque insatisfechos aún por las condiciones socioeconómicas imperantes.