Las intensas precipitaciones han causado destrozos en el territorio de Kalehe, ubicado en la provincia de Kivu del Sur, República Democrática del Congo, provocando riadas, inundaciones y corrimientos de tierra. Según fuentes locales, la catástrofe natural ha dejado un saldo provisional de 402 muertos y ha generado una gran necesidad de ayuda por parte de las autoridades y la población. Los cuerpos de dos víctimas fueron encontrados entre los escombros y el lodo tras las excavaciones realizadas por los voluntarios. Este domingo por la tarde se alcanzó la cifra de 400 muertos, después del hallazgo de 42 cadáveres flotando en el lago Kivu, en la frontera con Ruanda.

La magnitud de la tragedia ha llevado al Gobierno congoleño a declarar el lunes como día de luto nacional en memoria de las víctimas. Muchas perdieron la vida en las aldeas de Bushushsu, Nyamukubi y Chavondo, que todavía continúan siendo las más afectadas por la catástrofe. El presidente de la RDC, Félix Tshisekedi, manifestó sus «más sinceras condolencias para las víctimas de las lluvias torrenciales que causaron estragos devastadores».

Además, en la vecina Ruanda, la noche del 2 al 3 de mayo, un total de 131 personas murieron también por las fuertes lluvias. El tipo de suelo del este de la RDC y Ruanda es vulnerable a la erosión, lo que le hace muy susceptible a padecer los efectos de las lluvias torrenciales que, en ocasiones, provocan este tipo de catastrofes.

Thomas Bakenga, administrador de Kalehe, ha hecho un llamado a la ayuda de las autoridades y la población, al considerar que el desastre es realmente grave y merece la colaboración de todos. La Cruz Roja y numerosos voluntarios trabajan intensamente en las excavaciones y en la búsqueda de más víctimas.