El exsecretario de Economía advierte que la renegociación del tratado con Estados Unidos avanza con un factor nuevo: la duda sobre si Donald Trump respaldará lo pactado.
Ildefonso Guajardo sostiene que la revisión del T-MEC enfrenta hoy un obstáculo distinto al de la primera negociación: ya no basta con hablar con los funcionarios de Estados Unidos, porque no existe certeza de que Donald Trump respalde al final lo acordado.
El ex secretario de Economía, que negoció el tratado durante el primer mandato de Trump, dice que entonces Robert Lighthizer tenía margen y peso suficientes para hacer valer lo pactado en la mesa. Ahora, asegura, ese equilibrio cambió y los interlocutores del presidente tienen menos capacidad para moderarlo o garantizar que respalde un compromiso.
Dos mesas de negociación para México
Guajardo resume esa diferencia en una idea concreta: México negocia con dos mesas superpuestas, una frente a los funcionarios estadounidenses y otra, implícita, frente al propio presidente.
En su visión, el entorno político de Trump cambió tras su victoria para un segundo mandato, lo que le dio una sensación de autosuficiencia que reduce su disposición a escuchar consejos o aceptar frenos de su equipo.
Por eso afirma: “Ninguno de sus secretarios de gabinete puede estar en una mesa negociando contigo y asegurar al 100% que lo que negocie lo va a respaldar Trump”.
La revisión del T-MEC de seis años comenzó el 1 de julio de 2026 y terminó sin un acuerdo de Estados Unidos para extender el tratado por otros 16 años. Aunque sigue vigente, el acuerdo deberá revisarse cada año hasta que los tres países acepten renovarlo antes de su expiración en 2036.
Aranceles, reglas de origen y presión comercial
Guajardo también ve una presión creciente en la parte comercial. Señala que Washington mantiene aranceles de 25% sobre automóviles y de 50% sobre el acero y el aluminio procedentes de México y Canadá, y considera que revertir esas medidas es una prioridad para ambos gobiernos.
Sobre ese punto, dice: “Sus impuestos son totalmente ilegales”, y añade que la política arancelaria de Trump dejó “una nube negra” sobre el valor de lo acordado previamente. A su juicio, existe un trato discriminatorio contra México y Canadá frente a países como Corea, Japón o la Unión Europea, que pagan menos aranceles sin enfrentar las mismas exigencias de integración regional.
En la discusión automotriz, Estados Unidos ha planteado introducir en las reglas de origen un requisito de que 50% del contenido de un vehículo sea producido en su territorio. Guajardo rechaza esa lógica y sostiene que el déficit comercial debe leerse con cuidado, porque parte de ese desequilibrio responde a componentes asiáticos que se ensamblan en México y luego se contabilizan como exportaciones mexicanas.
Según el exfuncionario, alrededor de 7% del contenido de un vehículo fabricado en México, Estados Unidos o Canadá todavía depende de electrónicos, semiconductores y baterías producidos en Asia. Su propuesta es sustituir gradualmente esa dependencia con una política industrial regional, en lugar de recurrir a más aranceles o cuotas.
China, recursos estratégicos y límites para México
El exsecretario distingue entre dos preocupaciones que suelen mezclarse en el debate estadounidense: la triangulación de mercancías y la presencia de inversión china en México. Aclara que una cosa es traer piezas desde China y simular que se produjeron en Norteamérica, y otra muy distinta es que una empresa china se instale en México, se integre a la cadena de valor y cumpla las reglas del T-MEC.
En su opinión, México debe definir con claridad qué inversiones representan un riesgo para la seguridad de América del Norte. Menciona sectores como la minería estratégica, la nube y el internet de las cosas, además de actividades que puedan dar a China acceso a información o capacidades sensibles.
Guajardo también coloca el debate en el terreno tecnológico. Sostiene que América del Norte necesita asegurar insumos estratégicos y construir capacidad propia para las nuevas cadenas de valor, incluidas las de semiconductores, baterías y componentes electrónicos. Dice que México, Estados Unidos y Canadá podrían complementarse en recursos como litio, plata y minerales raros, pero que ese tema debe entrar al T-MEC mediante anexos y no por imposición unilateral.
En su criterio, México no debe ceder su autonomía para cumplir exigencias ajenas. También advierte que Washington no puede pedirle a México que incumpla otros acuerdos internacionales, como el tratado comercial con Europa o el Acuerdo Transpacífico.
Al cierre, Guajardo recuerda que ya no está en el centro de la negociación y dice vivir esa distancia con tranquilidad. Incluso remata con una frase que resume su nuevo lugar fuera del poder: “Ahora sí me pagan lo que valgo”.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.