Investigadores localizaron nuevos refugios invernales de la cotorra serrana occidental en bosques remotos de la Sierra Madre Occidental, entre Chihuahua, Durango y Sinaloa, y hallaron grandes parvadas que podrían apuntar a una población mayor de la estimada hasta ahora.

El seguimiento satelital y las expediciones de campo permitieron confirmar que la especie usa esos territorios durante el invierno. El estudio, publicado en Bird Conservation International, combinó rastreo de 78 aves entre 2019 y 2025 y datos de 42 ejemplares con localizaciones suficientes para estimar con mayor precisión las zonas de invernada.

Cotorra serrana occidental ubica sus refugios invernales

Hábitat clave, pero con poca protección

Los resultados ubicaron esas áreas entre 380 y 570 kilómetros al sur de las zonas reproductivas, principalmente en el oeste de Chihuahua y en zonas colindantes de Durango y Sinaloa, donde predominan bosques de coníferas y asociaciones de pino-encino.

Cotorra serrana occidental ubica sus refugios invernales

En las expediciones de enero de 2026, el equipo recorrió unas 35.000 hectáreas de zonas remotas y registró parvadas de entre 300 y 900 cotorras. También observó ejemplares con transmisores, lo que ayudó a confirmar que las aves rastreadas sí utilizaban esos sitios en invierno.

Javier Cruz Nieto, de Organización Vida Silvestre (OVIS), relató que llegó a ver más de trescientas aves en un mismo momento y que, en otra jornada, las parvadas lo llevaron a perder la cuenta cuando calculaba entre 500 y 600 individuos. Luz Francelia Torres-González, directora regional de OVIS en Chihuahua, explicó que la telemetría satelital surgió para llenar el vacío de información sobre la parte invernal del ciclo de la especie.

Cotorra serrana occidental ubica sus refugios invernales

El estudio calcula que solo el 10 % del área de invernada cuenta con protección formal, y que en el núcleo de uso más intenso la proporción baja a 0,4 %. Buena parte del hábitat está en territorios de ejidos y comunidades con manejo forestal regulado, aunque los autores advierten sobre la tala ilegal, las sequías, los incendios y las plagas de escarabajos descortezadores.

La especie figura como en peligro de extinción en la lista de la UICN, y el hallazgo abre una base más precisa para orientar su conservación en los bosques que comparte con comunidades forestales.