Hay nervios. Muchos nervios. Los taxistas recomiendan mejor no salir la tarde del sábado… “¡No querés correr riesgos, viste! Por hay alguien con la camiseta cruzada y bueh…”. Y es que esta semana Buenos Aires se prepara para recibir a los l
Hay nervios. Muchos nervios. Los taxistas recomiendan mejor no salir la tarde del sábado… “¡No querés correr riesgos, viste! Por hay alguien con la camiseta cruzada y bueh…”.
Y es que esta semana Buenos Aires se prepara para recibir a los líderes del G-20, pero nadie le interesa si Xi Jinping y Trump se van a mirar mal o se van a abrazar, solo hay cabeza para pensar en el sábado y en lo que la cancha ocurra.
Las camisetas se venden a 900 pesos (cada dólar cuesta 34 pesos), las banderas alusivas a cada divisa se cuelgan de los balcones y en los cafés de la emblemática 9 de Julio se sube el tono para pronosticar resultados.
Los venezolanos que atienden en bares o en hoteles intentan explicar a los extrañados turistas lo que ocurre, y por el acento, cuando se trata de otro venezolano le dicen: “Es como el Caracas-Magallanes”.
Es poco el tiempo que da para pensar en Macri y sus desmanes, o en Cristina y los suyos, es el tiempo de los DT populares, de analistas y prestidigitadores… todos tienen la razón, todos saben qué esquema debe llevar el equipo del pueblo (Boca, con clara preferencia en la mayoría). Los del River apelan a un supuesto subterfugio: la AFA arregló la cosa para que Independiente suba a la Copa y ambos disputen el próximo año el desempate por el número de copas. Toda tesis conspirativa es válida, ninguna es excluida, pero todas se disfrutan con emoción.
Ojalá Xi Jinping y Trump pudieran ver por el ojo de una cerradura la emoción que vive la capital argentina, pues de seguro así esa pasión los contagia y llegarían dispuestos a hacer las paces y a pensar en la emoción de los pueblos antes que en acuerdos fríos. ¡Que gane el mejor (a pesar de la AFA)!.