El regreso de Arango al Pachencho Romero marcará un hito en el fútbol venezolano. No será una de esas visitas maravillosas en las que la Vinotinto conmovía a Maracaibo, porque se quedará en la ciudad vistiendo los colores regionales para defenderlos en el torneo local y cruzando las fronteras.
El aragüeño eligió la opción que le había planteado César Farías, desde que se sumó también como inversor en el equipo, a una edad en la que suena el teléfono con destinos muy lejanos para un futbolista de tanta técnica. Su zurda, que mostró su calidad vigente en Nueva York, recorrerá el mapa del país y del continente vestida de negriazul.
Tenía la mitad de su edad actual cuando jugó en el volátil Zulianos FC. Su timidez se revertía en el campo y comenzaba a acumular la sabiduría de una carrera notable. Cuenta que en aquella época aprendió mucho de cómo patear tiros libres gracias al brasileño Gilmar, que ya era veterano. Ahora sus enseñanzas se multiplicarán, rodeado de admiración.
Su imagen gigante preside el espacio dedicado a Venezuela en el Museo del Fútbol Sudamericano, en Paraguay. Es la gran referencia nacional y el mejor de la historia, donde tomó el relevo de Luis Mendoza como abanderado del crecimiento excepcional de este milenio.