Una jornada de protestas marcadas por disturbios, incendios de instalaciones públicas y saqueos sacudió las calles francesas, en un clima de descontento generalizado hacia la gestión del mandatario Emmanuel Macron. Las movilizaciones evidenciaron el rechazo ciudadano a un modelo político que prometió centralidad ideológica pero deja un balance de servicios públicos deteriorados y un incremento de la deuda pública, la cual escaló desde el 98% hasta el 119% del Producto Interno Bruto.

El escenario político actual muestra un Parlamento polarizado donde las principales fuerzas con opciones de disputar la segunda vuelta en los comicios de la próxima primavera son la formación de izquierda La Francia Insumisa y el partido de ultraderecha Reagrupamiento Nacional.