Penélope Cruz ha apostado por unas mechas pensadas para aportar luminosidad al rostro, suavizar las facciones y dar sensación de mayor densidad en la melena. El cambio combina reflejos en tonos vainilla, mechones más marcados en la zona frontal y extensiones integradas con el color natural.
Un color que enmarca el rostro
El nuevo trabajo de color destaca por su efecto de iluminación alrededor de la cara. Eduardo Sánchez, director de la Maison Eduardo Sánchez, describe unas mechas más contrastadas que las que ha llevado en otras ocasiones, con menos saturación en las puntas y un resultado cercano al balayage californiano, aunque más contenido.
María Roberts, peluquera, experta en coloración y fundadora de Studio25, señala que este tipo de mechas “ponen buena cara incluso sin maquillaje” porque iluminan todo el contorno facial con tonos vainilla que mezclan matices dorados y ceniza. El resultado, añade, es un tono mantequilla que aporta un aspecto más luminoso a la piel y rejuvenece el rostro.
Mechas chunky, pero renovadas

La técnica encaja dentro de las llamadas mechas chunky, caracterizadas por mechones más gruesos y definidos para generar contraste y dimensión. Juandiegoteo, hair designer y embajador de Redken y Olistic, explica que este estilo fue muy popular en los años 2000, pero que ahora regresa con una lectura más sofisticada y personalizada.
Según el estilista, estas mechas resultan especialmente útiles para enmarcar el rostro porque aportan luz, carácter y personalidad. Además, al trabajar mechones anchos en la parte frontal y en el contorno facial, permiten jugar con dos tonalidades para crear claroscuros y adaptar la intensidad a distintos tipos de rostro y tonos de piel.
El efecto face framing y antiaging
Otra de las claves del look está en las llamadas mechas face framing, también conocidas como antiaging. Pedro Moreno, Education Manager de Jean Louis David, explica que esta técnica consiste en aplicar toques más claros en la base natural del cabello alrededor del rostro, especialmente en la frente y las sienes desde la raíz.
El objetivo es enmarcar la cara, aportar luminosidad y suavizar visualmente la apariencia. Frente a las mechas de los años 90, la versión actual busca un acabado más natural, con colores cercanos a la base del cabello, aunque también admite contrastes más marcados para quienes prefieren un resultado más visible. Moreno añade que este tipo de coloración aporta sensación de volumen y movimiento sin necesidad de recurrir a cortes radicales.

El tono vainilla y su mantenimiento
El rubio vainilla se ha convertido en una de las opciones preferidas para cabellos castaños porque suma luz y calidez sin perder naturalidad. También realza el tono de la piel y funciona bien en este tipo de transformaciones, en las que el color se concentra sobre todo en la parte delantera de la melena.
Para conservar el matiz, conviene cuidar el mantenimiento para evitar que el vainilla derive hacia tonos amarillos o anaranjados. En ese sentido, se recomienda lavar el cabello teñido con un champú con pigmentos azules y violetas al menos en uno de cada tres lavados, con el fin de neutralizar los reflejos no deseados.
Extensiones para reforzar la melena
El cambio de look se completa con extensiones que aportan longitud y contribuyen a una apariencia más densa. Juandiegoteo destaca que se ha respetado el mismo patrón de color en las extensiones para integrarlas con el cabello natural y reforzar el efecto de luz, profundidad y contraste.
María Roberts coincide en que el color se concentra en la zona frontal y que las extensiones colocadas en ese mismo espacio intensifican la sensación de frescura y juventud en el conjunto del peinado.
