La primera vez en yoga siempre genera expectativas, nervios y hasta pena. La gente siempre hace resistencia a la experiencia porque desconoce cómo su cuerpo responderá a los ejercicios que requieren flexibilidad, fuerza y resistencia. Lo primero que debe tener en cuenta un practicante en iniciación, al igual que la persona que suma meses o años, es que en yoga lo que hace y cómo lo hace tienen la misma importancia, tanto su mente como su cuerpo, sus emociones, sus sentimientos y sus pasiones están implicados en sus acciones. No solo se es cuerpo físico, sino una unión, cuerpo-mente-espíritu.
Partiendo de allí la práctica se hace más sencilla porque le permitirá conectarse con su máximo potencial como ser humano y, en consecuencia, previene los riesgos de las lesiones.
En las clases siempre se alienta a los alumnos a encontrar su propio ritmo sin exigirse mucho porque no todos somos de goma ni tienen la misma fuerza o resistencia.
No hay que dejarse llevar por las fotografías que se encuentran en los salones de clases ni por el compañero contorsionista que pueda tener a su lado. Aquí la observación más importante: ¡Cuidado!, no se exceda, no sea competitivo, no se haga daño.

