La imagen de un niño de ocho años entre ruinas

La tragedia de los sismos en Venezuela queda condensada en una escena mínima y devastadora: una pareja que busca a su hijo de ocho años entre los restos de una estructura derrumbada, mientras el niño jugaba baloncesto cerca de allí cuando comenzaron los terremotos.

«Afuera de otra estructura derrumbada, una pareja buscaba a su hijo de ocho años, que jugaba baloncesto cerca de allí cuando comenzaron los terremotos.»

The New York Times

Esa imagen, tan concreta como insoportable, acerca el horror a una escena reconocible: la de un hijo jugando cerca de casa y la posibilidad de perderlo para siempre en un instante cualquiera.

El destino como un camello ciego

A partir de ahí, la reflexión enlaza con La busca de Averroes, el cuento de Borges en el que unos personajes discuten el verso de Zuhair que compara el destino con un camello ciego.

«…nadie no sintió alguna vez que [como un camello ciego] el destino es fuerte y es torpe, que es inocente y es también inhumano […] No se dirá mejor lo que allí se dijo.»

Borges

La idea se completa con otra frase de El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince: «Nuestra felicidad está siempre en un equilibrio peligroso, inestable, a punto de resbalar por un precipicio de desolación.»

La conclusión es un llamado a no resignarse ante la violencia del destino: prepararse para los golpes inevitables, ayudar a quienes han sido sus víctimas y curar o salvar a quienes sobreviven. En esas tareas, sostiene el texto, la dictadura ha fallado y sigue fallando.