Esta es la historia de Lorena Rodríguez, una paciente oncológica a quien se le practicó mastectomía bilateral radical, inició quimioterapia embarazada y debió sortear el tratamiento sin recursos. Un canto a la fortaleza de la mujer hoy Día Mundial para la Prevención del Cáncer de Mama.
Rafael Gómez Torres [email protected]
Un diagnóstico de cáncer de seno avanzado triple negativo es una muralla, una emboscada del cuerpo que sorprendió a la zuliana Lorena Rodríguez en pleno embarazo de su hijo David Josué. Fue el inicio de una carrera llena de obstáculos que la llevó a redescubrirse, a mirar la vida de otra forma en busca de sanación.
A pesar de detectársele una pequeña protuberancia en su seno derecho en el inicio de la enfermedad, se le indicó erróneamente que “no le prestara mucha atención ya que probablemente era un quiste por su embarazo”.
“El primer obstetra que me vio recomendó esperar hasta el final del embarazo para revisar lo del seno. La pelotica creció y ya era como una de golf. Fue entonces que decidí cambiar de médico”, describió la mujer de 30 años que actualmente busca recursos para la aplicación de 28 radioterapias.
“Yo no sabía que estaba embarazada, me enteré por sorpresa cuando me hice un ecograma renal porque sufría de los riñones. Me puse en control por lo del bebé en mayo de 2015 y fue el segundo doctor quien, tras palpar la masa en el seno, me dijo: ‘Debes ir a un oncólogo”.
Ya con seis meses de embarazo, el nuevo especialista le alertó: “Esto es un cáncer. Tú eres muy joven y lo puedes superar. Vamos a rogarle a Dios que yo esté equivocado, pero para eso hay que hacerte una biopsia de emergencia”.
“Me la hicieron enseguida. Una de punción. A los dos días me entregaron el resultado y salió positivo.
Mi preocupación siempre fue el bebé. Cuando me dieron la noticia del cáncer la cabeza me dio muchas vueltas. Yo pensaba era en él, en que si se podía morir o que naciera enfermo.
En esta situación busqué ayuda, primero en la Fundación Amigos de la Mujer con Cáncer de Mamas (Famac) quienes me brindaron su apoyo y me pusieron el contacto con el doctor Gasan Makarem (mastólogo) y luego con la doctora Paola Celedón (oncólogo clínico), después en la Fundación Carito de Mi Corazón.
Mi bebé era un varón de siete meses. Pensé que me lo sacarían antes del tratamiento o que las medicinas le harían daño, pero la doctora me dijo que no me preocupara por él. Mi primera quimioterapia fue el 29 de octubre de 2015.
Dos semanas después el bebé ya quería salir. Trataron de llevarlo hasta los ocho meses y una semana para hacerme la cesárea. El 16 de noviembre nació David Josué sano y lleno de vida. Pasaron seis semanas para recuperarme y el 28 de diciembre me hicieron la segunda quimio. Gracias a Dios el tumor redujo su tamaño.
En esta fase fueron cinco sesiones antes de pasar a cirugía. Ambos doctores determinaron que lo mejor era quitarme los dos senos ya que siempre hay riesgo de reincidencia en el otro que no está afectado. Nunca le di pecho a mi hijo recién nacido.
Otro aspecto que debí manejar fue explicarle a mi hija mayor de 5 años lo que le estaba ocurriendo a mi cuerpo. Le expliqué lo de la caída del cabello, lo de los senos. Siempre me quiere ayudar, en su inocencia me dice ‘mami yo te cuido’.
Antes del tratamiento tuve mi cabello hasta la cintura. Un día llegué a una peluquería y les dije ‘háganme una cola y me lo cortan’. Lloré terrible. Tener el cabello corto fue una impresión, pero no se compara con quedar calva. Se me cayó todo y un día me pasé la máquina.
El asombro de mi esposo cuando me vio no fue normal. Entonces él se pasó la máquina también para apoyarme.
Me han hecho 17 quimios. Algunas medicinas te pegan más que otras, pero lo más fuerte era estar en la cama sin poder levantarte y con dos niños pequeños que atender. Mi esposo me ha ayudado mucho, tuvo que renunciar a su trabajo porque ya no le daban permiso para cuidarnos. Atiende a los niños y nos prepara la comida.
Ahora me tocan 28 radioterapias. Son caras y aún estoy buscando el dinero para hacérmelas, he vendido cosas de la casa y hasta potazos hemos hecho para pagar el tratamiento.
Dios ha sido un refugio, incluso antes del diagnóstico volví a la iglesia. Fue una fortaleza que tuve para afrontar todo esto. Agrandó mi fe.
Luego de un año del diagnóstico puedo decir que soy una sobreviviente de esta enfermedad. No es imposible si se tiene una buena actitud ante la vida y sobre todo fe, Dios me ha dado la oportunidad de renacer, de llevar una vida más tranquila. Nada hacemos con angustiarnos y llevar una vida con estrés, seamos conscientes de lo que tenemos a nuestro alrededor, nuestra familia.
Me siento en el deber de decirle a todas las mujeres que estén muy pendientes de su cuerpo, que se toquen, que se conozcan, creo que mi misión en esta vida es hacer eco de que sí se puede luchar y sobre todo prevenir.
Se vale llorar, pero nunca dejar de luchar contra el cáncer. La lucha es complicada. Mucha gente me dice que me admira por la forma en la que lo tomé. Hay que tomarlo así, con fuerza. El cáncer no es sinónimo de muerte.
Los milagros de Dios también existen. Hay que guerrear. Todo queda en manos del que está arriba”.
La zuliana hace un llamado a la concientización para el autoexamen.
Ahora su fase de tratamiento incluye 28 radioterapias.
Lorena se sometió a una mastectomía bilateral radical. 