Sabio y noble, como solía desplegar su personalidad, el artista José Ramón Sánchez decidió visitar a todos sus mejores amigos pintores, ante le certeza inminente de su muerte, ocurrida en la tarde de ayer, en Los Puertos de Altagracia, donde su corazón cesó de latir, agobiado por coágulos irreversibles.
Miguel Ángel Meza confirmó la triste noticia por teléfono, mientras que Hernán Alvarado remitía por las redes sociales el adiós de su sobrina, quien escribió: «Partió el surrealista… Nos dejó un auto retrato mirando las estrellas… te amé tio José Ramón…».
Sánchez nació en Maracaibo, en 1938. La reseña de su hoja de vida lo devela como un artífice constante. Entre 1956 y 1959 estudió en la escuela de artes plásticas Julio Árraga, donde ya mostraba ese tono de inconformidad y disciplina que sustentaron su gran talento ceador.
El pintor Ángel Peña y el mismo Alvarado recordaban al inquieto y profundo pensador del oficio plástico. Marchó a Caracas para estudiar en la escuela Cristóbal Rojas y, en el año 1961, marchó a París, donde configuró su leyenda, hasta 1965..Allá logró obtener el reconocimiento y el consenso necesario acerca de su trabajo creador, al punto que el entonces mito viviente del movimiento surrealista, André Bretón, solicitó conocerle, para alentarlo y decirle unas cuantas cosas que él, modesto y sencillo como era, prefirió mantener en bajo perfil.
