«Con pérdidas de más de 250 mil kilos entre pollos y embutidos, la empresa donde laboro hace más de 22 años fue saqueada. Para mí, el momento más doloroso de estar entre las penurias de la oscuridad.
La empresa avícola, que surte a los estados Zulia y Táchira, donde en conjunto hay más de 6 millones de habitantes, se había encargado de comenzar a regalar los productos en Maracaibo la mañana del lunes, 11 de marzo, el cuarto día del apagón más grande de Venezuela, pero de nada sirvió: la comunidad se llevó todo a su paso saqueando brutalmente, ‘porque hasta los bloques se los llevaron’.
AFP
La compañía familiar creció poco a poco hace más de 70 años. Le dio trabajo a más de 6.000 personas entre Zulia, Falcón y Táchira, donde estas tres plantas funcionaban abarcando cada área avícola: nuggets, pollo entero y deshuesado, huevos, jamón, gallinas, mortadela, entre otros productos derivados. Pero la escasez se hizo notar para la empresa avícola hace 8 años cuando se registraron dos incendios en los estados Falcón y Zulia. El sector avícola no fue inmune a los desafíos económicos en Venezuela alcanzando unos mínimos históricos en la producción.
El sector avícola en el país consta principalmente de empresas privadas que operan en el mercado de mediana a gran envergadura y que producen carne de pollo. La empresa privada se vio afectada al controlar todas las fases de producción: molinos de fabricación de alimentos, granjas de reproductores, casetas de engorde, plantas de procesamiento y disminución en la distribución de productos.
Luis Bravo
La escasez de materia prima, micro ingredientes, medicinas para los animales y apoyo profesional veterinario dificultó aún más a la empresa avícola el querer recuperarse de las dos sucursales quemadas. Una sede cerrada en el estado Falcón, migración del personal profesional, falta de insumos e hiperinflación trajo como consecuencia un declive en su nómina y producción, pasando a tener solo 1.500 empleados entre las dos únicas sucursales restantes: Zulia y Táchira.
Se iniciaron en Mara, uno de los municipios que conforman al estado petrolero zuliano, junto a Maracaibo, San Francisco y Jesús Enrique Lossada. La granja en ese ayuntamiento, ubicado en la Guajira, se vino abajo cuando un gentío, entre niños, adultos mayores y jóvenes, entró a la fuerza, la mañana de ese lunes, burlando a los efectivos policiales que ‘cuidaban’ el establecimiento. Pollos, huevos y máquinas desaparecieron de la finca.
Luis Bravo
En el sector Pomona, ubicado en la parroquia Cristo de Aranza, en Maracaibo, otra turba de vándalos entró en otra filial, se llevó ‘todo a su paso’: piezas de mortadela, tocineta, jamón, pollo, chuleta, máquinas, monitores, aire acondicionado, solo quedó la soledad y la ‘alegría’ de los ladrones que creyeron que saqueando un comercio con más de 70 años en el mercado se acabaría el hambre.
Las camionetas iban y venían con mercancía en Pomona, de todos los tamaños y colores, la multitud sacó todo a su paso; los brazos no podían cubrir todos los kilos que la gente se llevó. ‘Apúrate que todavía falta’, le decía una embarazada a su madre mientras cargaba 10 kilos de pollo. Hasta los abuelitos perdieron el respeto al verse con una pierna de jamón encima entre la multitud que destrozó todo el recinto.
Luis Bravo
Cerca del centro de Maracaibo, pero en otro depósito; los empleados decidieron comenzar a repartir uno por uno los kilos de productos avícolas, pasaban de uno en uno para evitar un posible saqueo. Solo transcurrieron 8 minutos de la repartición cuando un hombre de short y chemise amarilla comenzó a portarse grosero y decir con barbarie a vox populi que robarían todo porque ellos (como empresa) tienen la culpa de lo que sucede en el país y con una amenaza tajante que nuestro deber era darle todo a la comunidad para eludir un saqueo.
En esos segundos que la prepotencia del señor se imponía la treintena de personas se acercaba, hasta llegar al punto de ver a niños, jóvenes y adultos desesperados subirse en las paredes como si se tratara de tiburones esperando la carne de su presa. El miedo se apoderó de los trabajadores uniformados avícolas que solo querían salir ilesos de la turba de vándalos que amenazaban con piedras. Sin sentir ni pudor ni respeto por una empresa que sigue apostando por Venezuela.
En una ciudad petrolera donde comerse un pollo oscila entre los 5 y 6 mil soberanos el kilo, implica que en promedio un pollo entero cueste 10.000 bolívares cuando el salario mínimo actual es de Bs.S 18.000. Lo más duro para mí y mi familia fue saber que el beneficio de 4 pollos semanales que me otorgaban fue eliminado por ‘un mes o más’, pues no saben si podrán reponerse al daño causado por el desespero de estar más de 100 horas sin electricidad.
Luis Bravo
Mi jefe sigue llorando las grandes pérdidas. El gerente de relaciones públicas, con más de 9 años al frente de las operaciones de la empresa que su abuelo creó con sacrificio. Las pérdidas superan los 546 mil dólares, sin incluir los daños en las infraestructuras de las plantas en Pomona y el municipio Mara.
Apoyamos a nuestros trabajadores, pero el oficio que hacíamos quedó en ‘espera’. Los daños en la estructura, en caso de tener el dinero necesario, podría llegar a superar los 400 mil dólares entre maquinaria, alimentos, medicinas y crías para recuperar a medias los kilos perdidos por culpa de vándalos. Pero algo que difícilmente se podría calcular en números sería la decepción de mi jefe al saber que todos los despachos están rodeados de personas que tienen potencial para ser delincuentes junto a ‘efectivos policiales y un Gobierno incompetente’ de controlar un robo a una empresa privada que sigue apostando a Venezuela».
Lui Fernández 