Su sola presencia impacta. Su tamaño corporal es muy superior al promedio mundial. De manera inmediata, el joven de 20 años extiende su mano y mira hacia abajo, como está acostumbrado a hacerlo desde los 14 años, aproximadamente. Jeison Rodríguez es hoy una celebridad en Maracay, luego de ser visto como un fenómeno de circo. El registro de los Record Guinness hizo la diferencia.
Desde el 9 de septiembre y, según la organización americana que recoge las estadísticas más insólitas del mundo, el joven aragüeño es el poseedor de los pies más grandes del globo terráqueo, con una talla americana de 73, superando —de esta manera— al marroquí Brahim Takioullah, antiguo poseedor del registro, quien calza 58.
Jeison Rodríguez vive en Palo Negro con su familia.
Ahora todos quieren fotografiarse con el joven récord, cuando antes “me tenían asco”, dice sin titubeos Jeison, al agregar que una pregunta frecuente venida con el título es: “¿cuánto te dieron por el récord?”. Le molesta la hipocresía y el interés de los hipócritas. El registro mundial poco le importa al maracayero. Afirma que lo hizo solo en un intento de obtener alguna compensación monetaria que lo ayudara a él y a su familia, la cual no ha llegado. Su condición de hombre de gran tamaño le dificulta en gran manera el vestir y el calzarse, actividades cotidianas para cualquier persona. Pero en el caso de Jeison lo más sencillo tiende a ser dificultoso, situación con la que su familia le ayuda constantemente, sin dejarlo ni a sol ni a sombra.
A los 12 años se le detectó acromegalia, enfermedad crónica causada por una lesión de la glándula pituitaria, que se caracteriza por el aumento de tamaño de las manos, los pies, las mandíbulas y de la nariz, siendo esta la causante de las excepcionales medidas de Jeison Rodríguez. El muchacho que acaba de cumplir 20 años debe tener cuidado con el simple hecho de caminar por su casa. Su 2,21 metros de estatura lo hace víctima fácil de golpes y tropiezos. Los bombillos son los más afectados, dice su madre, Amalia de Rodríguez, para quien Jeison siempre será el “más pequeño de la casa” y su “bebé”.
A los ocho años comenzaron unos terribles dolores de cabeza, de articulaciones, aunados con mareos, vértigo y una hipersensibilidad a los sonidos. Estos fueron los primeros síntomas que comenzaron a encender las alarmas en el hogar Rodríguez Hernández. Algo no estaba bien en el menor de los cuatro hijos.
El joven aragüeño es el menor de cuatro hermanos.
Hasta ese momento Jeison era un niño alto, en comparación con sus compañeros, pero nada preocupante; sin embargo, la aparición de estas dolencias puso al descubierto el desorden que comenzaba a gestarse en la hormona del crecimiento. “Los dolores eran tan fuerte que me volvían loco, hasta me golpeaba la cabeza con las paredes desesperado, no los aguantaba”, relata Rodríguez, quien en un corto período de tiempo ha tenido que aprender a aceptar su condición de “gigante”. Hoy, la asume sin complejos, después de una larga lucha contra sí mismo, en la que sus padres y hermanos tuvieron un protagonismo de primer nivel, al siempre protegerlo. Incluso, ahora, su madre y única hermana no lo desamparan. Procuran que no salga solo, siempre le acompañan, al pretender ser un escudo ante las personas inescrupulosas e imprudentes. “Antes no me quería yo mismo, ahora doy gracias a Dios de estar vivo y en pie de lucha”, señala con una amplia sonrisa.
Carla rechaza el asedio constante al que es sometido su hermano.“Lo han llegado a perseguir por horas solo para verle de cerca, o por temor a pedirle una foto”. A la única mujer de cuatro hermanos le tocó asumir el rol de “secretaria”, como la llama entre bromas Jeison, ella es la responsable de filtrar llamadas sin sentido y alejar a los curiosos que llegan a la osadía de tocar la puerta de su casa. A los 12 años la crisis hizo explosión. El simple hecho de escuchar las notas del himno nacional en la boca de sus compañeros de liceo le causaban llanto. Del séptimo grado de bachillerato solo cursó la primera semana. Sus padres debieron retirarlo para emprender un fuerte tratamiento que regulara su desmedido crecimiento. El objetivo era lograr que la hormona pituitaria se mantuviera dormida, para que el joven no continuara sumando más medidas a su cuerpo. Desde ese momento comenzó la ingesta de medicamentos, uno más fuerte que el otro, incluso inyecciones que parecían “gasolina”.
En septiembre entró al Record Guinness por tener los pies más grandes del mundo.
Aparentemente “la quimioterapia”, como la llaman, ha surtido efecto. En los últimos meses se ha logrado frenar el crecimiento; sin embargo, solo una resonancia magnética podrá verificar la situación de la hormona. Pero, Jeison y su familia no hayan una cama adecuada para hacerse la evaluación. No hay un equipo capaz de aguantar los 140 kilos de peso del joven. Por lo pronto, hacen peripecias para conseguir los cuatro medicamentos que deben ser tomados de por vida.
El aragüeño retomó sus estudios de bachillerato en la Misión Rivas, donde cursa el 3er semestre, con la intención de cerrar un ciclo de su vida, esperando que esta nueva etapa sea más sencilla que la iniciada de niño, donde fue una víctima constante de las burlas y el acoso de sus otros compañeros. Su timidez e introspección no le ayudaron en este proceso.
“Llegaba con los cuadernos rotos, él todo sucio, le lanzaban su comida al piso, ni siquiera se la comían, solo se la botaban”, recuerda con cierto dolor Amalia, solo porque Jeison no entraba dentro de los patrones “normales” de sus compañeros de clases. Ya en 6to grado usaba las tallas de un hombre adulto.
La condición física de Jeison Rodríguez lo hicieron un joven retraído, de muy pocos amigos, y su condición de bajo recursos tampoco lo ayudó a socializar. De adolescente no tenía si quiera zapatos que usar, no había una medida que se acoplara a su pie. Ahora cuenta con el apoyo de una fábrica de La Victoria que se los hace. En la actualidad solo dispone de dos pares, ya gastados, y uno en reparación.
En la actualidad estudia el 3er semestre de la Misión Ribas.
En procura de aportar a su casa comenzó a trabajar en las oficinas del Instituto Nacional de Transporte Terrestre, de Maracay. Su vida continúa, entre el asombro y las alturas, en busca del futuro deseado. La cocina está entre uno de sus objetivos, y su familia y la Biblia entre sus pasiones.