La Casa Blanca enfrenta un dilema conocido: los datos económicos no lucen mal, pero la percepción pública sigue siendo negativa. Esa brecha golpeó a Joe Biden en 2024 y ahora vuelve a perseguir a Donald Trump, que prometió abaratar la vida desde el arranque de su mandato.
Durante la campaña de 2024, Trump aseguró que bajaría los precios de inmediato al llegar al poder. Sin embargo, el crecimiento se mantiene estable, el desempleo sigue bajo y la bolsa se mueve cerca de máximos históricos, mientras los precios continúan altos para los consumidores.
Los precios siguen ganándole a los indicadores
El último informe de inflación antes de las elecciones de mitad de mandato reforzó esa sensación. La economía estadounidense creció 2,2% y la tasa de desempleo se ubicó en 4,2%, cifras que no sugieren una recesión, pero el salario medio por hora subió 3% en el último año, por debajo del aumento de 3,7% en los precios al consumidor.
Trump sostiene que heredó un desastre económico de Biden y cita el crecimiento, la inversión y el mercado de valores como prueba de que su gestión funciona. Tras el informe inflacionario, Matthew Middleton, portavoz de la Casa Blanca, afirmó que la agenda económica del gobierno había amortiguado la crisis inflacionaria atribuida a Biden. Larry Kudlow, aliado de Trump, describió la expansión como “la mejor historia jamás contada”.





