Con solo 19 años la hermosa anzoatiguense se convirtió en leyenda, no solo venezolana, sino latinoamericana. Una joven, humilde, sin la alcurnia en su árbol genealógico, cautivó al más excelso jurado y se coronó Miss Mundo en Londres, dejando como primera finalista a la que visualizaban como gran favorita.
De esta manera irrumpe el nombre de Susana Duijm, la joven recepcionista, que vivía en Bello Monte, Caracas, en el escenario internacional. Ya en las tablas nacionales había dado un “batacazo” —como reconoció ella misma a Panorama en el año 2015, al rememorarse los 60 años de su gesta.
“Ya la otra candidata tenía pasaporte y todo, hasta nos enteramos a través de un modisto que tenía la ropa del viaje mandada a hacer, pero se quedó con los crespos hechos”, recordó la “Reina”. Con 78 años Duijm señaló que para ese entonces la belleza venezolana era “la de una mujer llenita, con una cinturita, unas caderotas y yo era todo lo contrario. Yo era flaca, alta”.
Sin embargo, su estirpe no solo se impuso en el Hotel Tamanaco, también en el Teatro Lyceum. La hermosa mujer de grandes ojos, trigueña, cautivó a propios y a extraños y su belleza comenzó a pasear por distintos escenarios, pasarelas lejanas a su nativa Venezuela.
Gracias a Samuel McGill posó Susana para el maestro Maragall.
Su rostro —apagado hace un mes por un acv— quedó plasmado en el inconsciente colectivo, en miles de fotografías, en cientos de videos, en una arepa y hasta en una estatua, que guardará su imagen en la inmortalidad, en reconocimiento al ideario venezolano.
El mismo año en ser coronada como la mujer más hermosa del mundo, Duijm, de 19 años, llegó al taller del maestro Ernesto Maragall, ubicado en Caracas. Ella sería el rostro que encarnaría el homenaje a la Bandera nacional, en la estatua de la plaza Los Símbolos. La perfección de su cara fue admirada y esculpida por el artista español por más de dos semanas. La escultura en sí se demoró más de un año en hacerse, en las fundiciones de Italia, comentó el hijo del artista, Julio Maragall.
Dos años antes del gran triunfo de la mujer oriental, el escultor, que llegó al país en medio de la Guerra Civil española, había terminado la Fuente monumental Venezuela, alegoría antropológica a las cinco regiones del país, inaugurada en la Plaza Venezuela en 1953. La obra está integrada por seis figuras vaciadas en piedra. Luego de crearse el paseo Los Caobos el monumento fue mudado, a donde reposa en la actualidad.
La obra es un homenaje a los Símbolos Patrios.
De inmediato fue contratado por el gobernador de Caracas para realizar tres monumentos para el Sistema de la Nacionalidad, que llevarían por nombre: Los Símbolos, Los Precursores y Los Próceres, todos en un claro homenaje al nacionalismo y a los responsables de la independencia venezolana. En el monumento a Los Próceres realizaría una serie de relieves, en donde escenificaría las cuatro batallas de la Independencia: Carabobo, Pichincha, Boyacá y Ayacucho. El elaborado trabajo estaría ubicado en dos prismas de 40 metros de alto, elaborados en mármol. Estos trabajos le costarían dos años de dedicación al artista barcelonés.
“Mi tío Samuel McGill estuvo involucrado en la escogencia de Susana en el Miss Venezuela. Él era amigo de ella y a través de él mi papá, que en ese momento estaba haciendo la maqueta en grande para el monumento de Los Símbolos, la conoció. Samuel la convenció de que posara. La verdad es que no sé porqué la escogió exactamente. Mi papá tuvo la oportunidad de que posara para él y a él le gustaba la cara de ella, pero a ¿quién no le gustaba la cara de Susana?”, se pregunta el arquitecto Julio Maragall.
Desde su despacho, coment que “ella nunca iba sola, siempre iba acompañada por alguien, en alguna ocasión fue con el maestro César Girón”, dice Maragall, quien recuerda con agrado la presencia de la Miss Mundo en su casa en ese tiempo. También acota —con vehemencia— que ella posó vestida, ya que la imagen retrata a una mujer con el busto descubierto. “Ella solo prestó su rostro”, dice.
Con 19 años Duijm se coronó en la mujer más hermosa del mundo.
El monumento Los Símbolos fue concebido en bronce sobre pedestal de mármol y espejo de agua, representa tres figuras alegórica a los Símbolos Patrios: la Bandera, el Escudo y el Himno Nacional. En él se retrata a una mujer en compañía de dos hombres, un indio y un negro.
La figura de una mujer blanca fue colocada sobre el nivel más alto de la composición, lleva sus pechos desnudos, y en su mano derecha, levantada, una corona de laureles y la Bandera nacional. Dos hombres la escoltan: un indio con guayuco que porta en su mano derecha una lanza y en la otra el Escudo nacional y un negro, con la camisa y los pantalones remangados, que porta una antorcha levantada sobre su mano derecha, en representación del Himno nacional.
Esta obra es la que da inicio al Sistema de la Nacionalidad, que termina con el extraordinario trabajo de los escultores Attilio Selva y Arturo Dazzi, quienes crearon las estatuas de 11 líderes libertarios, y los monolitos que escoltan a los héroes revolucionarios, obra en la que se aprecia el delicado trabajo de tallado de Maragall, donde cobran vida las cuatro batallas que sellaron la independencia de los países bolivarianos.
A los 79 años murió la «Reina pepeada» de Venezuela.
Mientras Maragall continuó dejando su impronta por Caracas y su España natal en cada obra, donde sus esculturas de rasgos aindiados siempre miraron al venezolano, rindiendo justo homenaje a la cultura que lo cautivó y lo llevó a morir en su “segunda patria”, como definía a Venezuela, Susana emprendió su destacada carrera artística, donde cosechó grandes éxitos y el cariño del venezolano.
Desde amores con el galán George Hamilton; portada en revistas como París Match, donde fue catalogada como “Carmen, la salvaje”; participación en producciones de la Metro Goldwyn Mayer; estudios en la escuela de actuación con Horacio Peterson, protagónicos sobre tablas que se extendieron hasta el triple del tiempo previsto en escenarios internacionales, conducción de programas televisivos y radiales, fueron noticia en su exitosa vida. En cada faceta que desarrolló la “Reina pepeada” de Venezuela tuvo el éxito de compañía.
“Ella era simpatiquísima, era una persona con una gran sonrisa, agradable, muy entradora, se sentía una persona con mucho carácter, muy segura de ella misma”, así la recuerda el entonces joven de 17 años que se maravilló con la presencia de la Miss Mundo en su casa, para posar nada más y nada menos que para su papá.