El punto de partida de ese logro tan importante para el país comenzó en el Miss Venezuela, donde me inscribí por curiosidad. No lo tenía planteado. No fue mi ilusión de niña.
El punto de partida de ese logro tan importante para el país comenzó en el Miss Venezuela, donde me inscribí por curiosidad. No lo tenía planteado. No fue mi ilusión de niña. Recuerdo en enero de 1985 una conversación con una amiga que es
El punto de partida de ese logro tan importante para el país comenzó en el Miss Venezuela, donde me inscribí por curiosidad. No lo tenía planteado. No fue mi ilusión de niña.
Recuerdo en enero de 1985 una conversación con una amiga que estaba inscrita en la Academia de Modelaje de Maritza Pineda. Mi amiga me dijo: ‘Hay cosas en la vida, que si no se hacen en el momento oportuno, ya no se pueden hacer nunca’. Porque ella quiso ser bailarina de ballet y ya no podía.
Yo la acompañé a la academia, vi las modelos y pensé: ‘¿Por qué no ser una miss? ‘Voy a preguntar cómo es eso’. Le pregunté a la secretaria y me dio el número de la quinta del Miss Venezuela. Luego, llamé y les dije: ‘Me quiero inscribir. ¿Qué tengo que hacer? Me dieron una cita. Al mediodía, en la hora del almuerzo, cuando pude salir de la pasantía financiera, me fui a la cita. Estaba Osmel. Me vio. Me escaneó. Me digitalizó. Y me guardó en su chip (risas). Implacable me soltó: ‘Bueh! Al menos tiene buenas piernas’.
Como yo no tenía expectativas, sino estaba curioseando, me sentí muy feliz. Pensé: ‘¡Así estaré de mala con respecto al resto! ¡Al menos, tengo algo bonito para él!’. Osmel le dijo a Enma que me inscribiera. De esa manera entré.
Cuando le conté a mi mamá (Genovesa), a mi papá (Pablo), y a mis hermanos (Carlos Sicilia, y María del Carmen), que había entrado en un concurso de belleza, se activaron las neuronas celosas de mi hermano. ¡Aunque usted no lo crea! Él no estuvo de acuerdo. En casa nunca habíamos sido familia de farándula o artistas. Entonces él estaba encima de mi. Pero al ver el desempeño del concurso, que estaba rodeada de gente profesional, empezó a compartir como el resto, mi paseo por esa experiencia.
Obviamente, como yo no tenía presión por ser finalista, el haber pasado por allí fue una de las cosas más divertidas, placenteras y relajadas que me ha pasado en la vida. No estaba compitiendo con nadie. Todas me parecían hermosas. Me hice amiga de Ruddy Rodríguez, Rebeca Costoya, Ivonne Balliache, Giselle Reyes, muchas más. Hicimos un grupo maravilloso y nos tocó disfrutar en el hotel Sheraton.
Nina también es contadora. Es la directora de Finanzas de Los Leones del Caracas.
La noche final yo no tenía expectativa de quedar en el cuadro. Al nombrarme, para mi fue una sorpresa. ‘¡Dios mío! ¿Cómo pude haber llegado tan alto?’, pensé en medio del bullicio.
Sabía que me tocaría ir a Tokio. El día anterior al viaje fue cuando preparé dos maletas, nada más, para ir al Miss Internacional. Las armé en la sala de la casa, sencillas, rodeada de mi familia, dos o tres amigos cercanos de la universidad, y mi novio Julio. Dejé todo armado y nos fuimos al concierto del cantante Rafael, que se presentaba en el Poliedro de Caracas. Llegamos tardísimo a la casa. Amanecidos. Y teníamos que viajar al otro día. Carlos me acompañaría. Él quería hacer contactos con la gente del programa Expedición allá.
Mi familia y yo bajamos al aeropuerto en caravana, en los carros de mi papá: el Malibú y el Mustang. Los dos azules. Llegué al aeropuerto y tomaríamos el vuelo Caracas-Nueva York, y luego Nueva York- Los Angeles. En los Angeles nos reuniríamos con el resto de las participantes latinas en un mismo vuelo, hasta Tokio. Al llegar a Tokio, nosotras, las latinas eramos el último grupo de participantes en llegar.
Me llevé el material que me dio la Embajada de Japón en Venezuela sobre su país. Y lo leí todo.
Cuando llegué a Japón traté de mimetizarme con el entorno, el estilo y la cultura del pueblo japonés. Me quité el exceso de maquillaje y accesorios. Eran los 80’, y todo era exagerado, hombreras, ojos muy negros. Me di cuenta que eso no era el estilo ni la costumbre en la sociedad japonesa. Conversaba con las chaperonas sobre los lugares que íbamos a visitar al dia siguiente. Trataba de comer y probar todo lo que me daban, ser disciplinada y respetuosa de sus maneras y costumbres. Todo lo estaban evaluando. Y yo no sabía.
Me hacía ilusión que me llamaran Venezuela, y no Nina. Mi nombre fue Venezuela, por un mes. No estaba presionada ni angustiada por posicionarme como ganadora. Solo trataba de hacer las cosas bien. Y eso da buenos resultados. No te niego que me hacía ilusión despertar con la posibilidad de ganar. Pero sentía que no era la más bonita.
Creo que valoraron otras cosas que sumaron en total. Usé el mismo traje que llevé al Miss Venezuela, que tenía aires a un kimono (diseñado por Rosalba Echenagucia). El traje de gala fue un Liqui liqui blanco, con flores bordadas. Lo que usé en el Miss Venezuela.
Aquí con el Liqui Liqui blanco que lució en Japón.
La noche antes, todas estábamos preparándonos y tuve que compartir muchas de mis cosas con otras participantes que no tenían nada. Miss Guatemala no tenía zapatos plateados. Se los presté. Y cuando ella caminaba para coronarme me dijo: ‘Vengo en los zapatos de Venezuela a coronarte”.
Había misses sin trajes de baños enteros. Se los presté. Otras que no sabían maquillarse. Las ayudé. Porque yo me arreglaba rapidito. Sin mucha cosa. El día anterior descansé lo suficiente. Dejé todo ordenado. Me levanté muy temprano. Fui la primera que estaba lista para ir al teatro (Tsukuba Science Exposition Plaza), ese 15 de septiembre de 1985. Y disfruté todo. No sentía presión.
A diferencia de otros concursos, en Japón, del grupo de más de 40, escogen a 15 finalistas. Y de ese grupo nombran a la cuarta, y el regresivo hasta la ganadora. No reducen más el grupo. Entonces, puedes estar entre las 15 y no quedar de nada. Cuando me vi en el cuadro de 15, pensé: ‘Ya Osmel no se va a poner bravo. No me va a regañar. Ya regreso con la frente en alto’.
Recuerdo que cuando ya iban a nombrar a la ganadora, yo tenía a mi lado a Miss Zaire. Y ella me dijo: ‘¡You!’. El locutor anunció: ‘And Miss International is: ¡Venezuela!’.
Miss Zaire me abrazó. La sensación fue una mezcla de sorpresa y alegría.
Después de ganar me enteró que en Japón hacen una consulta en diferentes pueblos para ver quién era la preferida. Y en cada pueblo que visitamos la comunidad me escogía mí. Yo no lo sabía. Cuando gané tuve que visitar todos esos pueblos otra vez. Porque acertaron.
Aprendí la palabra “ichi van” que significa número uno. Y eso me decían en cada pueblo.
Carlos llamó a la casa para avisarle a mamá del triunfo. Y mamá le dijo: ‘¿Y ahora qué se debe hacer con ésto?’. Ella empezó a buscar números y consiguió el de Osmel. Le avisó. Osmel le dijo a mi mamá: “Mire señora, es muy temprano, es domingo, y yo no estoy para ese tipo de bromas’. Pero al darse cuenta que era verdad, se activó. Venevisión puso la marcha y soltó el extra. ¡Tan taran, taran, taran, taran!
Primera vez que Venezuela alcanzaba una corona de Miss Internacional.
Todos disfrutamos el triunfo. No era mi objetivo de vida. Fue una recompensa por encima de lo que me esperaba. La emoción más grande de mi vida fue cuando regresé a mi país y me recibieron. Me mandaron a buscar en un avión de Viasa en Miami. Ricardo Peña, Joaquín Riviera, Sábado Sensacional todo el canal, me hicieron un homenaje bello. Cierro mis ojos y siento lo mismo. Nunca podré dejar de emocionarme al recordarlo. Un recuerdo de vida que atesoro por lo intenso de la emoción”.
Nina está felizmente casada y es madre de dos hijos.
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