El evento de los premios Heat Latin Music Awards celebrado la noche de este jueves en la playa de Cap Cana, en la República Dominicana tuvo sus altibajos como toda producción de tal magnitud en vivo. En esta segunda edición fue la balada y el pop quien le dio brillo al show dejando en un segundo plano al reguetón y la música urbana que suele darse tanta «bomba con poco chicle» en los escenarios de TV.
El venezolano Ricardo Montaner fue sin duda lo mejor de noche seguido del puertorriqueño Luis Fonsi con un número musical donde las cualidades vocales y la experiencia es lo principal a destacar. De allí en adelante el orden de los mejores momentos le quedo a cargo a Chino y Nacho, quienes con su buena energía y ritmo aportaron su grano de arena y le imprimieron color a un escenario modesto en comparación con otros espectáculos televisivos de Latinoamérica. Los cubanos de Gente de Zona y la joven cantante dominicana Marielle sumaron a lo visto en tarima por casi tres horas.
Previo a la entrega de los galardones divididos en las trece categorías se realizó la llamada Alfombra Roja, un espacio incómodo para la prensa internacional donde los artistas invitados y algunos «asomados y metiches» del evento desfilaron sus mejores galas y también mal gusto a la hora de vestir. En ese espacio al reguetonero Maluma no se le vio cara y la cantante puertorriqueña Olga Tañón dejó a muchos esperando «como novia de pueblo» pero se supo que canceló su participación y show en los premios por desacuerdos y trifulcas con la producción de los premios.
Ya una vez al aire en pantalla la ceremonia de los premios contó la presencia de un público bastante diverso aunque poco eufórico y ratos apático para tener en su mayoría el sello dominicano. Los animadores de la noche fueron el periodista Ismael Cala y la modelo colombiana Jessica Cediel, quienes se vieron acoplados e hicieron chistes locales para mover al público. Por cierto, llamó la atención que cuando la presentadora salió a dar la bienvenida lo primero que se le ocurrió fue quejarse de lo incómodo de su vestido por lo que seguramente su diseñador no le volverá a prestar ni un pañuelo.
