Espectáculos

La bienal da un «vistazo» a la masculinización del flamenco

Urbe del sabor gitano será desde hoy Maracaibo, cuando por cuarta edición abra la Bienal del Flamenco que, desde su amor por el arte, ofrenda a la ciudad la escuela La Giralda. 

El evento, con espectáculos y talleres gratuitos,  se extenderá hasta el 16 de junio, e inicia  hoy, a las 11:00 am,  con la presentación del espectáculo De Garlochí Flamenco, de la institución  anfitriona en el Teatro Baralt, La obra es de los primeros bailarines,  coreógrafos y organizadores de la bienal,  Paola Tamayo y Fabián González. El cierre, es el jueves a las 7:30 pm, en el Centro de Arte Lía Bermúdez, a cargo de  Fernando  Parra, con su pieza Bailar en hombre,  propuesta  derivada de una investigación de dos años, sobre  la construcción de la masculinidad en el  flamenco.

Sobre ello, el bailaor madrileño de 24 años ahondó en una breve y amena tertulia con PANORAMA, en la que dejó ver que como bailaor y profesional está comprometido con la formación de una sociedad justa, que comulgue con la igualdad como derecho humano.  

La investigación partió de su experiencia: “A los 15 años me dijeron: ‘tienes que irte a otra escuela a estudiar con un hombre porque los varones bailan diferente. Siempre era el único hombre en las escuelas que he estudiado, por lo que siempre padecía la exclusión”, compartió el bailaor y agregó: “El flamenco es un arte hipermasculinizado y eso me llevó a  investigar, porque a veces es exagerado la forma de moverse de ciertos bailaores en escena, y que es muy distinta a como lo hacen  fuera”.  

“Parte de la investigación fue intentar ver a partir de qué momento el flamenco codifica su estética de manera más masculina de lo normal. Es cierto que es algo propio de las danzas tradicionales de muchos lugares del mundo. Sobretodo danzas orientales en que los hombres movían mucho las caderas y a partir del siglo XX es cuando esto comienza a ser percibido por la mirada occidental como algo que no está bien visto. Entonces las danzas se comienzan a adecuar a los cánones perceptivos de occidente. En un momento durante el régimen franquista se empieza a ver en emisiones televisivas y el prototipo de hombre no puede ser afeminado. El cuerpo se modifica”.   

“El flamenco es una estética fuerte -reconoce el artista-. Pero una cosa es que sea fuerte a parecer un carcazón  corporal que parece que apenas respiran porque están siempre en retención, con una crispación muscular muy dura”.

De como han visto su investigación contó: “Es un trabajo que ha interesado mucho a las personas de mi entorno en el flamenco, porque no es una visión únicamente mía. Y a mí me ha generado abrir mi mente y mi cuerpo  a buscar nuevas formas de  mantenerme como bailaor de flamenco pero rompiendo con ese caparazón. Y sabiendo que esos códigos de los que hablo están inscritos en mi cuerpo porque yo también pasé por esa formación y los incorporé. Esto me permitió entender que puede desembarazarme de la imagen que otros  quieran ver de mí y moverme,  tanto en escena como fuera como yo quiera. Eso es algo positivo porque desde el momento que hago este tipo de trabajo se ha visto como algo más vanguardista, pues la gente ve que hay algo interesante que podía mostrar y que no era un bailaor más. Luego también he tenido por parte de mis padres la añoranza  de esperar que baile el flamenco tradicional, porque es lo que quieren ver”.

“Lo curioso es que el flamenco siempre tiene  un ideal de autenticidad, de que el bailaor muestre su verdad en escena. Siguiendo esa verdad habrá momentos en que el cuerpo se exprese de manera viril o de forma afeminada, pero creo debe  corresponder con la sinceridad de mi propio movimiento”. 

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