Espectáculos

Francis Rueda: El teatro no llena el bolsillo, pero sí el alma

Como fresca masa de arcilla en las manos de un genio  artesano, Francis Rueda se moldea a sí misma y de la magia de su capacidad histriónica se van formando ochos personajes ante la mirada próxima de los espectadores. La obra que enhebra  a esas ocho mujeres se llama Encuentro con Francis Rueda y con ella celebra sus bodas de oro con el teatro.  

  De su artesanía escénica surge   la mantuana Lucrecia,  concebida por la pluma de su esposo Gilberto Pinto; la prostituta Greta Garbo de  Miguel Otero Silva;  Laurencia, de Lope de Vega; Ramona, de Rafael Guinand;  la alucinada Medea, de Jean Anouilh-Eurípides;  Clitemnestra, de Carlos Moreán;  Clov, de  Samuel Beckett; y la guerrillera Brusca la rompe fuego,  de César Rengifo. Cada una es hilada por la narración de la misma actriz caraqueña, quien en el paso de una a otra habla del oficio de la actuación. 

“Encuentro con Francis Rueda” se presentó el  21, 22, 23 de agosto y siguen funciones  el   28, 29 y 30  de agosto, a las 6:00 pm, en el teatro Simón Bolívar de Caracas, para luego hacer gira por el país, incluyendo al Zulia, a decir de la misma actriz en conversación con PANORAMA, quien aseguró que aún no tiene las fechas de la gira.   

“Es un espectáculo muy especial para mí, lo he hecho muchísimas veces, pero tenía dos años que no lo representaba y para celebrar estos 50 años la tomé, porque tiene para mí un gran significado, pues fue la última obra que dirigió mi esposo, el director Gilberto Pinto, y por tanto, es también un homenaje para él”, explicó Rueda y añadió que desde la desaparición de su esposo nadie la dirige.

—¿Cómo supo que el teatro era lo suyo? —Lo supe a los 12 cuando fui al primer espectáculo con Manuel Poblete un actor chileno que  hizo televisión y cine. Lo conocí y me llevó al Teatro Nacional a ver  Los Incendiarios, de   Mark Frish, y me encantó tener tan cerca a los actores,   tocarlos.  Entendí que el teatro es la verdadera esencia del actor,  porque te obliga a  elaborar al personaje.

—¿Por qué nunca protagonizó una telenovela?    —En el teatro  siempre soy protagonista, nunca me interesó protagonizar en televisión, hay personajes más interesantes en el teatro. Los protagonistas  de televisión  siempre tienen una línea muy clara. Los del reparto tienen más para construir, me gustan más. 

—¿Qué consejos para la actuación recuerda de su esposo, Cabrujas y Chalbaud? —Gilberto me enseñó la ética, lo que es la responsabilidad y la mística, la consideración con mis compañeros. José Ignacio, era tan tranquilo, que con esa paz, conversaba mucho e inspiraba a hacer todo bien. De Román recuerdo su énfasis en que no desistiera. 

—¿Cree que el teatro comercial ha desplazado al teatro de autor?  —Más que desplazarlo, el teatro comercial nos ha arropado. Yo no lo hago, porque tuve maestros tan comprometidos que creo en el teatro que es para formar  consciencia social. Es una expresión tan bella que no la traicionaría. Me han llamado, pero no me interesa. 

—¿Y se puede vivir del teatro no comercial?  —No. El teatro nunca ha sido para llenarse el bolsillo, pero sí para llenarte como ser humano, para llenar el alma. Yo me he mantenido con los papeles de televisión y cine, sabiéndome administrar muy bien. 

—¿Qué recuerdo grato tiene de César Rengifo?  —Lo conocí  en sus últimos años y era un hombre  muy sensible, de una generosidad enorme.

—¿Qué personaje le falta en su largo repertorio? —Juana de Arco y ya no lo pedo hacer por mi edad. Pero es un personaje que quise siempre interpretar.

—¿Cómo logró seguir adelante tras la ausencia de su esposo? —No lo he superado. Fueron 34 años juntos y ese es un vacío que nunca se llenará. Para seguir adelante pienso que sigue a mi lado, en esencia. Siempre le pido que me ayude y acompañe.

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