Artistas contemporáneos emplean el asco como recurso crítico, desde el colectivo chicano Asco hasta obras de Piero Manzoni y Chris Ofili, para cuestionar normas sociales y sacudir al público.
El asco como recurso estético
El colectivo Asco, activo entre 1972 y 1987, adoptó su nombre para confrontar la exclusión racial y social en Estados Unidos, realizando performances urbanas como Spray Paint LACMA, donde pintaron su nombre con aerosol en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles como protesta simbólica contra el arte institucional.
El movimiento Shock Art también incluye obras deliberadamente perturbadoras, como latas con excrementos del propio artista Piero Manzoni y The Holy Virgin Mary de Chris Ofili, una representación de la Virgen María con piel oscura que incorpora estiércol de elefante y recortes pornográficos.
Reflexiones teóricas sobre el disgusto
Según el filósofo italiano Filippo Contesi, el arte «repugnante» puede poseer valor estético porque el asco despierta una comprensión cognitiva de la mortalidad humana o de normas sociales invertidas. La historiadora del arte Anja Foerschner ha investigado cómo el asco se integra como recurso estratégico, señalando que obras que muestran cuerpos, fluidos o violencia pueden generar reflexión cultural más allá del mero rechazo sensorial.
En conjunto, estas manifestaciones demuestran que lo desagradable puede adquirir sentido estético y reforzar el mensaje del autor, convirtiendo el asco en una poderosa herramienta de crítica social.



