El valiente niño que habita en la ancianidad de muchos es explorado por el escritor Eduardo Liendo, quien le pone nombre al suyo: Elmer y lleno de osadía lo hace viajar en un entusiasta trance, la ruta al fin del final, la muerte.
Ese niño que mora en la adultez mayor del escritor caraqueño a sus 74 años, y que crece en un nostálgico, pero a la vez aventurero camino a la muerte, es la historia de su más reciente novela, Contigo en la distancia, en la que narra con la pericia del vaquiano que ha transitado por la creación de 12 obras literarias, entre novelas, cuentos y ensayos. Su destacado oficio de narrador es respaldado en esta obra por la editorial Seix Barral, que imprimió el libro, y fue prologado por uno de sus pupilos talleristas, el escritor Eduardo Sánchez Rugeles.
“Contigo en la distancia” fue presentado la tarde de ayer en el Club Náutico de Maracaibo, donde a la ocasión se sumaron celebraciones como el aniversario 50 del Grupo de Lectura Semana, a cuya fundadora, Nora Bustamante, le dedica el libro; más la antesala al Día del Libro que es hoy. Por tanto habló de su obra y el oficio literario en Venezuela.
—¿Cómo evalúa usted que en la actualidad ya no hay auge de grupos de literatura y arte, como un día fue Sardio, El techo de la ballena, Tabla redonda y otros?
—Hoy existen, pero ha mermado su trascendencia porque se enfatiza el esfuerzo creador en la individualidad.
— Contigo en la distancia es un título que sabe a bolero, aunque el libro describe un viaje al fin, ¿por qué? —Sí, claro, ese es su origen primario. Es el nombre de un bolero del cubano César Portillo de la Luz, que lo creó cuando tenía 24 años y murió no hace tanto, a los 91. Pero más que el bolero, me interesaba la nostalgia que presupone la distancia.
—El libro cuenta un viaje en autobús, en cuya ventanilla se ve la vida pasar hacia el fin, ¿esa imagen le viene de esa revisión de la vida que trae le adultez mayor?
—Es un viaje en autobús de la ruta Circunvalación 13, que se transmuta en tren y finalmente en submarino. Mi idea obsesiva es la de un autobús que va al fin de los fines, la muerte. Pero no quise asumir como un hecho trágico ni a la muerte, ni a la vida, sino como una necesaria celebración. Y no quise que el libro fuera una autobiografía. No tendría ningún sentido. Tiene elementos de autoficción, pero en algunos momentos.
—¿Cómo se siente con que la Feria del Libro de Chacao se realice en homenaje a usted? —Sería una inmodestia decir que ese homenaje es para todos los escritores. No. Eso tiene nombre y apellido. Creo que honran un proceso de persistencia. Todo lo que yo pude haber logrado en mi vida, de la magnitud que sea, pequeña o grande, me lo ha dado la palabra. Por eso siempre he creído que leer es un poder.
—¿Cuáles son las oportunidades que no se quiere perder antes de llegar a ese fin de los fines? —Vivir lo más gratamente posible, como es esta experiencia de volver al Zulia. Celebrar con unos amigos y desconocidos, conversar contigo. Y hacer lo que he hecho en toda mi vida: escribir. Además de amar a mi familia, escribir es mi forma de justificar mi existencia.