El universo de Mafalda abrió sus puertas este miércoles en Buenos Aires con una experiencia inmersiva que transforma en recorrido físico las viñetas creadas por Quino. La muestra, instalada en el Centro Cultural Recoleta, será la primera parada de un proyecto que prevé llegar después a distintos puntos de Europa y Latinoamérica.
Claves
- —La experiencia se estrena en Buenos Aires y contempla una gira posterior por Europa y Latinoamérica.
- —La muestra ocupa 1.300 metros cuadrados del Centro Cultural Recoleta.
- —El recorrido combina escenografía, proyecciones en 360 grados, pantallas interactivas y realidad virtual multiusuario.
- —La familia de Quino acompañó el proceso con material de archivo, opiniones y aprobaciones.
Las tiras del historietista argentino cobran volumen a lo largo de 1.300 metros cuadrados, donde los visitantes pueden internarse en escenas y situaciones reconocibles de la obra. El recorrido fue concebido para que el público no solo observe, sino que camine por espacios vinculados con la protagonista y su entorno, mediante recursos que van desde la escenografía hasta la realidad virtual.
Un recorrido por la casa, el parque y el almacén
La experiencia comienza con una maqueta gigante del mundo de Mafalda. A partir de allí, el visitante avanza por la casa del personaje y por algunos de los lugares más emblemáticos de la historieta, entre ellos el parque y el Almacén Don Manolo, ambos reconstruidos a tamaño real y con numerosos detalles tomados de las viñetas originales.
Dentro de la casa, el itinerario propone un encuentro gradual con los personajes. Primero aparece Raquel, la madre de Mafalda, de pie en la cocina con una escoba. Después surge Guille, el menor de la familia. Más adelante se encuentra a la propia Mafalda, apoyada en su cama junto a su característico globo terráqueo y un póster de John Lennon, mientras mira por la ventana un cielo estrellado.

La puesta mezcla elementos analógicos y escenográficos con proyecciones en 360 grados, pantallas interactivas y una experiencia de realidad virtual multiusuario. Esa combinación permite que varias personas ingresen al mismo tiempo en una recreación digital del universo ideado por Quino.
El recorrido también incorpora estímulos vinculados con el olfato. En algunas salas, el almacén reproduce olor a fiambrería, mientras que el cuarto de Susanita, armado con un mar de biberones, osos de peluche y corazones rosados, tiene aroma a caramelo de fresa.
Tres años de trabajo para traducir las viñetas al espacio
Damián Kirzner, director y productor general de Mafalda Inmersiva, explicó que el equipo trabajó durante tres años en la selección de las tiras más icónicas y en la elección de las tecnologías que permitirían trasladarlas a una experiencia presencial. Según indicó, ese proceso incluyó la búsqueda de recursos en distintos lugares para dar con las herramientas más adecuadas para el proyecto.
Proceso de producción
Damián Kirzner señaló que la muestra requirió tres años de trabajo para escoger tiras emblemáticas y definir las tecnologías utilizadas en la experiencia.
Belén Santa-Olalla, directora creativa española responsable de la curaduría y del diseño de la experiencia de usuario, explicó que el objetivo fue convertir las viñetas en un espacio donde el público pudiera reencontrarse con personajes conocidos desde hace décadas. Esa intención se refleja en una propuesta que apela a la memoria afectiva de buena parte de los asistentes, quienes alternan la risa y la emoción a lo largo del recorrido.

Al mismo tiempo, la muestra busca abrirle paso a públicos que no crecieron con la historieta. Santa-Olalla remarcó que uno de los propósitos fundamentales del proyecto es que Mafalda llegue a las nuevas generaciones: por un lado, convoca a adultos que regresan a un personaje ligado a su infancia; por el otro, intenta que ese legado conecte con niños y jóvenes que todavía no tienen el mismo vínculo previo con la obra.
El reto de preservar la esencia de Quino
Llevar el universo de Mafalda del papel a un espacio físico supuso, además, el desafío de conservar la esencia de la creación de Quino. Ese cuidado abarcó desde la apariencia de los personajes y sus escenarios hasta la manera en que se expresan dentro de la experiencia inmersiva.
En ese proceso participó la familia del dibujante, fallecido en 2020. Sus allegados acompañaron la construcción de la muestra, facilitaron material de archivo y también intervinieron con opiniones y aprobaciones durante el desarrollo del proyecto.
Guillermo Lavado, sobrino de Quino, explicó que ante cada decisión el equipo se preguntaba qué habría pensado el autor. A su juicio, el creador de Mafalda habría estado feliz y muy emocionado con el resultado, y también se habría sentido orgulloso dentro de la sencillez y del rigor creativo que lo caracterizaban.
Para los responsables de la experiencia, preservar la esencia de Mafalda no significa únicamente reproducir sus trazos. También implica recuperar la mirada crítica con la que Quino observaba el mundo y las relaciones humanas, una perspectiva desde la que su protagonista cuestionaba la política, las guerras y las contradicciones de la sociedad.
Kirzner definió el proyecto como un viaje de construcción orientado a cuidar la obra de Quino y a ponerla en valor. Además, sostuvo que, a más de 60 años de la creación del personaje, los mensajes de Mafalda mantienen vigencia. En esa permanencia, señaló, conviven la actualidad de sus preguntas sobre el mundo y aspectos más universales, como la amistad, la timidez ante alguien que gusta y los rasgos humanos que Quino observaba en sus personajes.
Con esa combinación de nostalgia, tecnología y lectura crítica de la obra, la propuesta busca que el universo de Mafalda siga dialogando con nuevas audiencias sin perder los rasgos que la convirtieron en una referencia perdurable de la historieta en español.




