Plantar árboles en las ciudades se presenta a menudo como una respuesta directa al calor urbano, pero una investigación reciente muestra que su efecto depende del suelo, la humedad y la forma de las calles. En Barcelona, una simulación sobre el Eixample concluyó que el arbolado puede enfriar con fuerza o, en condiciones secas y de calor extremo, aumentar la sensación térmica.
Cuando el suelo está húmedo, el arbolado enfría
El estudio, publicado en Urban Climate, utilizó una versión modificada del modelo BEP-Tree para comparar dos escenarios: la calle Balmes, con un arbolado muy escaso, y la calle Aribau, con más árboles y de mayor altura.
Con el suelo húmedo, los investigadores observaron una reducción media de 1,2 ºC en la temperatura del aire y una bajada de 3,2 ºC en el índice de estrés térmico. En los puntos más críticos, la temperatura percibida por un peatón cayó hasta 12,3 ºC.
Incluso cuando el suelo se seca y los árboles reducen la transpiración para protegerse, la sombra mantiene entre el 71 % y el 97 % de ese efecto refrescante.
En sequía y con calor extremo, el efecto puede invertirse
La misma simulación halló que, en un escenario de suelo muy seco durante una ola de calor, la calle con arbolado denso quedó 0,3 ºC más caliente en temperatura del aire que la calle casi sin árboles. Los autores lo explican por el comportamiento del entramado urbano: en calles muy cerradas, la masa arbórea puede actuar como una tapa que frena la ventilación y retiene el calor que irradian edificios y asfalto.
Además, en las tardes de ola de calor puede aparecer un efecto sauna: la humedad que liberan las hojas, unida a las altas temperaturas, reduce la capacidad del cuerpo para sudar y enfriarse.
Estas conclusiones coinciden con lo observado por ejemplo en Zúrich, donde los árboles regados eliminan el estrés térmico en un día normal de verano, pero no bastan durante olas de calor extremas. A escala global, otra investigación publicada en Nature evaluó la cobertura arbórea mundial y concluyó que el arbolado actual mitiga cerca de la mitad del efecto isla de calor, aunque el beneficio real para las personas es de apenas 0,15 °C.
El trabajo también recuerda que los efectos del arbolado son desiguales y se concentran sobre todo en países ricos y barrios residenciales privilegiados. En paralelo, el texto subraya que la sombra no siempre basta para compensar el exceso de calor acumulado en tejidos urbanos densos.
El análisis parte de la evidencia de que, en 93 ciudades europeas, el 4,33% de las muertes del verano de 2015 se atribuyeron al efecto isla de calor, y de que elevar la cobertura arbórea al 30 % podría reducir la temperatura media unos 0,4 °C y evitaría más de 2.600 muertes prematuras.




