Iñaki Barrón, ingeniero de Caminos, analiza el siniestro ferroviario de Urda, en Toledo, desde una trayectoria de décadas en el sector. Con 34 años de gestión en Renfe hasta 2021, paso por la Unión Internacional de Ferrocarriles y su presidencia de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios hasta julio, sostiene que el ferrocarril tiene todavía mucho que aprender del modo aéreo en materia de seguridad, especialmente en entrenamiento.
La seguridad ferroviaria frente al avión

Según Barrón, la comparación con la aviación deja una lección clara: el tren presenta una brecha relevante en formación y preparación operativa. Su lectura del accidente de Urda se apoya en esa experiencia acumulada y en el análisis que encabezó también del accidente de Adamuz, en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla.
10.000 millones para mantener la red
El ingeniero aconseja una auditoría exhaustiva de la alta velocidad y calcula en 10.000 millones el esfuerzo necesario en mantenimiento para los próximos diez años. Esa estimación supera con amplitud las cifras previstas por el Gobierno, que van de 435 millones presupuestados en 2025 a 628 para 2030, y además deja fuera el gasto para poner al día la red convencional que usan Cercanías y mercancías, donde Barrón dice que el problema es peor.




