Quedaban 23 minutos para la catástrofe ferroviaria del 28 de octubre, cuando un choque entre el AVE 2080 y el Iryo 6076, a las puertas de la estación toledana de Urda, causó la muerte de al menos 69 personas. A las 8.31, una pequeña cuadrilla de dos operarios de Adif recibió la orden de resolver cuanto antes el problema informático que había provocado la caída del sistema de seguridad LZB.

Una reparación de urgencia con medios mínimos

Los técnicos contaban con el equipamiento mínimo para una actuación de emergencia y trataron de levantar el sistema con un solo ordenador. La incidencia mantenía frenados siete trenes en un tramo de 63 kilómetros afectado por el apagón del LZB entre Mora y Malagón: tres en sentido Sevilla, entre ellos los dos siniestrados y un convoy de Media Distancia de Renfe, y cuatro en dirección Madrid, tres AVE y un Media Distancia.

Siete trenes quedaron detenidos en un tramo de 63 kilómetros

La caída del sistema dejó bloqueada la circulación en un corredor amplio y afectó tanto a trenes de alta velocidad como a un servicio de media distancia. El intento de recuperación se produjo en una ventana de tiempo muy estrecha, apenas 23 minutos antes del accidente.