Siete meses después del inicio de la guerra de Irán, el aumento de los costos energéticos ya se refleja en la inflación de España, Francia y Polonia, y vuelve más difícil el margen de maniobra de los bancos centrales europeos.

España, Francia y Polonia sienten el golpe de la energía

En España, el índice nacional de precios al consumidor avanzó 4,9% interanual, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística. La inflación armonizada, que permite comparar los datos de los países de la Unión Europea con una metodología común, llegó a 5% y superó el pronóstico mediano de 4,9% recogido en una encuesta de Bloomberg.

El INE señaló que los combustibles para vehículos subieron en septiembre, en contraste con la caída que habían registrado un año antes. Los paquetes vacacionales también contribuyeron al movimiento, aunque sus precios descendieron menos que en septiembre de 2025, una combinación que ayudó a elevar la lectura general.

La inflación española se ubicó así muy por encima del objetivo de 2% del BCE. La inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles, también aceleró y llegó a 3,1%, su nivel más alto desde marzo de 2024.

Francia registró un incremento de la inflación armonizada hasta 3,4%, frente al 2,6% de agosto, y alcanzó su ritmo más veloz en más de dos años. El resultado superó las estimaciones de los analistas, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos francés, y reforzó la señal de que la presión sobre los precios no se limitaba a España.

En Polonia, la inflación aumentó a 4,0% desde 3,4% y superó por primera vez desde mediados de 2025 el límite superior de la banda de tolerancia del banco central, situada entre 1,5% y 3,5%. El transporte ya había subido 11,2% por el mayor costo de los combustibles, mientras que el Banco Nacional de Polonia mantenía su tasa de referencia en 3,75% desde marzo.

El BCE y los mercados ajustan sus apuestas

Las cifras llegan semanas después de que el Banco Central Europeo elevara su tasa de depósito por segunda vez en el año. El aumento de los precios de la energía añade presión a una discusión que ya tiene dos frentes: contener la inflación y evaluar cuánto más pueden subir los tipos de interés sin comprometer la evolución económica.

El BCE elevó la tasa de depósito a 2,5% el 10 de septiembre, pero su presidenta, Christine Lagarde, evitó comprometer a la institución con una trayectoria fija. Esa cautela deja las próximas decisiones sujetas a la evolución de los datos, entre ellos la inflación y el comportamiento de los precios energéticos.

Al 29 de septiembre, las probabilidades de mercado recopiladas por ECB Watch asignaban 70% a que el BCE mantuviera la tasa en 2,5% durante la reunión del 29 de octubre. El 30% restante correspondía a una subida de un cuarto de punto, hasta 2,75%.

Las expectativas cambiaban para la reunión del 17 de diciembre. Una tasa de depósito de 2,75% aparecía como el resultado más probable, con una probabilidad de 68,4%, mientras que un aumento hasta 3% recibía 28,8%; estas cifras describen apuestas del mercado, no decisiones anunciadas por el banco central.

La próxima referencia para la eurozona será la estimación preliminar de Eurostat, prevista para el viernes. En agosto, la inflación del bloque había llegado a 3,3%, su lectura más alta desde septiembre de 2024.

Alemania también mostró señales de presión energética en sus datos regionales. Hesse presentó la lectura regional más alta, con 3,4%; Renania del Norte-Westfalia y Baja Sajonia llegaron a 3,3%; Baviera subió a 3,2% y Baden-Wurtemberg a 2,9%.

Ruth Brand, presidenta de la Oficina Federal de Estadística de Alemania, vinculó el aumento de los costos energéticos de agosto con el conflicto en Irán. Según explicó, el efecto se notó especialmente en los precios de los combustibles para motores.