Calendario legislativo y pruebas piloto

Las negociaciones entre el Parlamento Europeo, los gobiernos y la Comisión Europea iniciaron el 13 de julio de 2026 con el objetivo de cerrar una ley antes de finalizar 2026. Esa aprobación permitiría al Banco Central Europeo (BCE) decidir formalmente el 1 de enero de 2027.

Antes del lanzamiento al público, el BCE prevé una fase piloto que comenzaría en 2027, involucrando a unas 40 entidades bancarias y empresas de pagos para validar la infraestructura y la experiencia de los usuarios.

Según Reuters, el euro digital llegaría al público en 2029.

Características principales y límites propuestos

El euro digital será una versión electrónica del efectivo emitido por el BCE, disponible directamente para los ciudadanos sin sustituir los billetes y monedas tradicionales, que seguirán circulando indefinidamente.

El tope busca evitar retiros masivos de fondos bancarios y mantiene el euro digital como medio de pago, ya que los saldos no generarían intereses. Los usuarios podrán recargar sus cuentas después de gastar parte del saldo.

El proyecto contempla pagos gratuitos, acceso mediante una app dedicada o mediante aplicaciones de banca móvil, y una tarjeta de pago para quienes no dispongan de smartphones. Además, se prevé un modo offline que permitiría transacciones sin conexión a Internet, con registro limitado de los datos de la operación.

Impacto en la soberanía monetaria y los bancos

Los defensores consideran que el euro digital reduciría la dependencia europea de redes de pago estadounidenses como Visa, Mastercard y PayPal, reforzando la soberanía monetaria. Sin embargo, los bancos reclaman compensación por los costos de adaptar sus sistemas a la nueva infraestructura.

El BCE planea proporcionar la infraestructura y los estándares técnicos sin costo para los bancos, aunque la discusión sobre quién asume los gastos finales sigue abierta.

Privacidad y trazabilidad

El BCE asegura que no podrá consultar los detalles de los pagos realizados por los usuarios, aunque las transacciones realizadas a través de apps bancarias serían visibles para los bancos comerciales, similar a los pagos digitales actuales.

El modo offline, al no registrar los detalles de la operación, plantea un equilibrio entre la prevención del fraude, la trazabilidad financiera y el derecho a la privacidad de los usuarios.