Hay un municipio en el estado Badajoz que se apoda “capital del ajo”, a pesar de que apenas lo cultiva en su término municipal. Con 5.307 habitantes y 63 kilómetros cuadrados, Aceuchal compensa su escasez de suelo agrícola importando el producto desde otras regiones para transformarlo y comercializarlo a gran escala, alcanzando los 30 millones de kilos por campaña.
El funcionamiento de una industria sin campo
El producto llega en camión a la localidad, donde se pesa y calibra antes de pasar a naves de secado y cámaras frigoríficas. Desde allí se distribuye en mallas, a granel o procesado como diente pelado y pasta natural para la hostelería y la industria cárnica. Junto al tradicional ajo blanco, también se envasa el ajo negro, obtenido mediante la fermentación del ajo blanco a alta temperatura durante un mes.
Menos del 6% de la materia prima se cultiva localmente. El grueso de la siembra proviene de provincias como Ciudad Real, Córdoba, Cuenca y del vecino Portugal. Una vez cosechado, el producto regresa a Aceuchal para su limpieza, clasificación y distribución en mercados nacionales e internacionales.
Desafíos internacionales y presión de costes
El sector enfrasca una intensa competencia frente a las importaciones procedentes de países como China y Egipto, cuyos costes laborales son considerablemente inferiores. Representantes del sector agroalimentario en Europa han reclamado la actualización de los aranceles y la activación de cláusulas de salvaguardia para proteger la producción local ante el incremento de los costes de fertilizantes, combustibles y fitosanitarios.




