En Venezuela, la fragmentación cambiaria está empujando a comercios y empresas a fijar precios cada vez más a la tasa del euro. El fenómeno encaja con el modelo de rockets and feathers, en el que los aumentos se trasladan de inmediato, pero las bajas tardan en llegar.

Suben al instante, bajan con retraso

El concepto de “cohetes y plumas” explica la asimetría en la transmisión de precios: cuando sube un costo, el precio final se ajusta rápido; cuando cae, la rebaja llega lenta o no aparece. En el caso venezolano, esa lógica se ve amplificada por la coexistencia del dólar oficial del Banco Central, el USDT del mercado P2P y la tasa oficial del euro.

Publicación de Instagram de Banco Central de VenezuelaBanco Central de Venezuela· InstagramAtención🔵|| El tipo de cambio publicado por el BCV es el promedio ponderado de las operaciones de las mesas de cambio de las instituciones bancarias. Al cierre de la jornada del día Jueves 06-08-202…Ver en Instagram →

Las referencias cambiarias muestran esa dispersión. El dólar BCV ronda los 756 bolívares, el USDT en Binance se ubica en 861 bolívares y el euro oficial supera los 870 bolívares. Durante mucho tiempo, el USDT se consolidó como termómetro del paralelo y, cuando su cotización se dispara, los precios en los comercios se actualizan en minutos.

Cuando ocurre lo contrario, el ajuste no es simétrico. Los inventarios comprados a tasas altas frenan una rebaja inmediata, por lo que los productos suelen mantenerse en el mismo nivel aun cuando la cotización cae, como ha ocurrido en otros episodios recientes.

El euro gana terreno como referencia de cobro

Ante esa realidad, muchos negocios pasaron a marcar precios a tasa euro. Es la referencia oficial más alta y les permite cobrar más bolívares dentro del marco legal. En varios momentos de 2026, la tasa oficial europea superó o se acercó peligrosamente a la del USDT en Binance.

La distorsión también alcanza el plano fiscal y tributario: las multas y otros cobros se indexan al euro, lo que alimenta el debate sobre cuál debe ser la referencia usada por comercios y consumidores. Economistas advierten que, con la brecha por debajo del 15%, las políticas de fijación de precios deberían revisarse.

La desconfianza sostiene el patrón. Mientras persista la expectativa de nuevas devaluaciones, los márgenes seguirán funcionando como colchón ante el próximo salto. Sin una mayor oferta de divisas, la brecha entre tasas seguirá marcando los precios del día a día.

Los usuarios también han resumido la paradoja en redes sociales: algunos cuestionan que los comercios suban de inmediato con el USDT, pero no bajen con la misma velocidad cuando la tasa se mueve en sentido contrario.

Otro de los efectos señalados es que los comerciantes terminan operando con listas calculadas según la referencia que más les conviene en cada momento, mientras el consumidor paga el aumento rápido y rara vez ve la baja posterior.

La situación convierte cada compra en un ejercicio de arbitraje entre tasas. En ese escenario, el euro se consolida como ancla de precios para una parte del comercio, mientras el USDT sigue pesando como referencia inmediata en la calle.