Los submarinistas que hallaron los restos del «Kronan», un buque de guerra hundido en 1676 ante las costas suecas, pensaban haber encontrado todo lo que buscaban al rescatar diamantes, monedas y estatuas, pero no se esperaban el tesoro más fascinante: un queso.
La misteriosa pasta, con olor de levadura y roquefort, y una textura parecida al foie gras, fue descubierta dentro de un recipiente cerrado herméticamente.
«Pensamos que es un producto lácteo. Y contrariamente a otros, éste tiene un olor bastante agradable, huele a vida» explicó el jueves a la AFP Lars Einarsson, responsable de la misión que explora el barco, ante la isla de Oland (sureste).
Las condiciones en las que se hallan los restos son óptimas: el mar Báltico tiene poca sal y el recipiente estaba sepultado bajo una capa de sedimentos, una especie de «capa de cerámica» que lo ha preservado de la corrosión durante siglos, según el arqueólogo.
