En la cuenca del Tarim, en el noroeste de China, donde la lluvia ronda los 20 milímetros al año, un estudio acaba de mostrar que hace 4.000 años el paisaje era muy distinto al actual. Allí hubo ríos, humedales y bosques de álamos.
Coprolitos y carbón para leer el paisaje
La investigación analizó coprolitos de múltiples especies de animales procedentes de yacimientos de la cultura Xiaohe, además de carbón vegetal remanente de sus hogueras. A partir de esos restos, el equipo obtuvo pistas directas sobre qué árboles usaban como combustible y qué comían sus animales.
El resultado fue claro: en la Edad de Bronce, esa zona no era un desierto vacío. Lo que hubo fue un entorno con vegetación ribereña, suficiente para sostener vida humana y animal.
El estudio acaba de demostrar un estudio aporta así información de primera mano sobre cómo era el Tarim antes de que la aridificación transformara la región.
Una comunidad que explotó el humedal durante siglos
Según el equipo, la comunidad prehistórica llevaba un modo de vida sedentario desde fases tempranas de ocupación, con ganadería y sin necesidad de agricultura. Los recursos del humedal —pesca, plantas acuáticas y pastos— habrían bastado para mantener el poblado en ese territorio.
En detalle, el 54% de los carbones identificables correspondía a álamos y sauces, y el 18% a tamariscos, todos árboles propios de bosques de riberas. Esa composición sugiere una explotación sostenida del bosque durante siglos.
Los restos de heces también conservaron granos de polen y fitolitos. El 83% de todo ese polen procedía de la enea, una planta acuática usada históricamente como alimento, fibra y material de construcción. En las heces de oveja, el porcentaje subía hasta el 99%.
Lo que aún no puede asegurarse
El trabajo tiene límites. No siempre puede saberse con certeza de qué animal procede cada excremento, y la abundancia de polen de enea puede distorsionar el retrato del paisaje, porque esta planta produce grandes cantidades y resiste bien la degradación.
Aun así, el estudio amplía lo que se sabía de la cultura Xiaohe, ocupante de la cuenca del Tarim entre 2050 y 1350 a. C. y conocida sobre todo por sus momias. Ahora también deja ver mejor su relación con el ambiente y con un territorio que, hace cuatro milenios, todavía conservaba rasgos de oasis boscoso.
