Durante años se asumió que un recipiente de plástico era seguro para usar en el microondas mientras no se derritiera. Un análisis de la Universidad de Nebraska cuestiona esa idea y señala que el estrés físico invisible puede liberar miles de millones de microplásticos en la comida.

El hallazgo pone en duda la confianza que suele darse a los envases plásticos destinados a calentar alimentos. Aunque el recipiente conserve su forma, eso no significa necesariamente que permanezca intacto durante su uso en el microondas.
De acuerdo con esa evaluación, la exposición al microondas puede favorecer la liberación de partículas diminutas del plástico hacia el contenido del envase, lo que amplía la preocupación sobre el uso cotidiano de estos recipientes.
