Curiosidades

Reportaje/ El Ihram, más que un lienzo blanco para el Hajj

Ulises Canales/ Especial Prensa Latina Cuando un musulmán consigue el permiso para realizar el Hajj, el «Ihram» se torna doblemente imprescindible por su condición de atuendo -sobre todo para hombres- y de metamorfosis espiritual que la mayor peregrinación religiosa del mundo supone para los devotos.

Vestir el Ihram es un privilegio o gran suerte porque significa haber clasificado entre los más de mil millones de musulmanes del mundo para hacer el Hajj, la procesión anual a La Meca que todo creyente debe cumplir siempre que disponga de medios y salud para ello, según indica el Corán. Por lo mismo, el protagonismo de esa tela de algodón blanco que no puede estar unida por costuras comienza antes del ritual, que suele durar cinco jornadas -del día 8 al 12 del mes Dhu Al-Hijjah, el último del calendario lunar por el cual se rige la religión mahometana.

Aunque es una escena muy familiar en aeropuertos de países árabes, desde cualquier terminal aérea del planeta embarcan a Arabia Saudita hombres envueltos en Ihram y con sandalias o chancletas y, en el caso de las mujeres, con un simple vestido blanco, aunque muchas usan abayas (túnicas) negras. Samir Khalil, apodado «Hajj» Khalil (a quienes consuman ese pilar del Islam se les llama así) explicó a Prensa Latina que la razón de la ropa blanca es que los peregrinos necesitan enfocarse en el propósito de su viaje y no distraer la atención en el estatus social, modas u otra banalidad.

Cuando nacemos nos envuelven y visten con pañales o ropas por lo general blancas, y también cuando morimos nos vamos con muy poco, y muchos preferimos irnos de blanco, ejemplificó Hajj Khalil, un modesto comerciante de unos 70 años al argumentar el ambiente de equidad que debe imperar en el ritual. Agregó que en los sermones de las mezquitas los jeques puntualizan a los feligreses que «hombres y mujeres son iguales a los ojos del Señor, al margen del color de la piel o de su estatus social», y eso es muy importante, acotó.

«Si eres rico, querrás vestir según esa condición, de manera tal vez ostentosa para ocasiones trascendentales, y los pobres serán incapaces de hacerlo», indicó al entender que en el Hajj «todos vistan de la misma forma para garantizar que la mente se aleje de las cosas materiales de la vida».    Pero en su concepción más mística el Ihram es también un «estado de paz mental», lo cual explica que los peregrinos necesiten vestirse de blanco en aeropuertos y alcanzar esa sensación anímica antes de tomar los vuelos y llegar al Miqat, el último punto antes de la principal ciudad santa islámica.

Si bien hay quienes prefieren cambiarse a bordo del avión mientras se aproximan al Miqat, la mayoría de los que llegan por vía aérea inician esa transición antes de abordar, lo que significa entrar en «estado de Ihram», sin riñas, discusiones violentas, ni mal carácter. «No es cuestión de ropas, es un estado de mente, una actitud, todo en ti tiene que cambiar, es como el Ramadán, pero mucho más», relató por su parte un presentador de un canal saudita mientras pasaba imágenes de la procesión y destacaba que «no hay lugar aquí para zapatos o ropas de marca».

Y ciertamente, en Hajj suele verse a príncipes, reyes, presidentes y otros dignatarios en similar apariencia externa, con sandalias o chancletas, lo mismo meditando y escuchando la Sunnah del Profeta en el Monte Arafat que lapidando al Diablo en el Jamarat, pero tal ecumenismo islámico es efímero. Tras retornar a La Meca para el Tawaff (las siete circunvalaciones de despedida alrededor de la Kaaba), los peregrinos se rasuran la cabeza y unos marchan a palacios y lujosos hoteles, mientras otros retoman su habitual rutina de vicisitudes: lamentablemente, el mundo vuelve a ser el mismo.

Síguenos

Comentarios

Inicia sesión para unirte a la conversación.

Cargando comentarios…

Más en Curiosidades