Cuando el Museo de la Biblia en Washington, con un costo de 500 millones, fue inaugurado en noviembre de 2017 con la presencia del vicepresidente Mike Pence, ya había dudas sobre la autenticidad de su colección principal: unos rollos del Mar Muerto.
Ahora el recinto se ha visto obligado a admitir la dolorosa verdad: Un análisis técnico por parte de un equipo de eruditos alemanes llegó a la conclusión de que cuando menos cinco de los 16 fragmentos exhibidos por el museo aparentemente son falsificaciones.
El anuncio tiene serias implicaciones no solo para el Museo de la Biblia sino para otros individuos y organizaciones cristianas evangélicas que pagaron una fuerte suma de dólares por lo que ahora parece ser un caso masivo de fraude arqueológico.
Jeffrey Kloha, curador en jefe del Museo de la Biblia, dijo en un comunicado que la revelación es “una oportunidad para educar al público sobre la importancia de verificar la autenticidad de raros artefactos bíblicos, sobre los complicados procesos de examinación que se llevan a cabo y sobre nuestro compromiso con la transparencia”.
