Las garrapatas ya chupaban la sangre de los dinosaurios, mucho antes de convertirse en la pesadilla de otras especies y de los excursionistas, según un estudio publicado en la revista Nature Communications.
Un equipo de investigadores españoles y británicos halló en Birmania cuatro garrapatas perfectamente conservadas en el ámbar resultante de secreciones de vegetales fosilizados y de 99 millones de años de antigüedad.
Entre estos cuatro parásitos surgidos del pasado, uno de ellos, de la familia de las «garrapatas terribles de Drácula», estaba «repleto de sangre» y otro tenía una pata «enredada» en una pluma, que debía pertenecer forzosamente a un dinosaurio puesto que las aves todavía no existían.
Esta último garrapata, de una especie ya extinguida, medía un milímetro, tenía ocho patas y ningún ojo.
