La Real Academia Española incluyó 81 venezolanismos y 126 gentilicios de ciudades del país en la 24.ª edición del Diccionario de la lengua española, anunciada el viernes 30 de octubre.
El hallazgo fue difundido esta semana por Luis Barrera Linares, Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua y miembro de la Real Academia Española, quien celebró el anuncio con la frase “Español, lengua bendita” en X.
Un registro sustentado en documentación
Barrera explicó que la selección de las palabras propuestas no respondió a ocurrencias personales, sino a un proceso riguroso de documentación que acreditó el uso habitual de cada término en medios escritos, la oralidad y los periódicos.
Según detalló, la Comisión de Lexicografía de la Academia Venezolana de la Lengua trabajó durante más de una década en la recolección de material. Parte de esa labor partió de un conjunto amplio de vocablos venezolanos, varios de ellos ya presentes en repertorios de referencia como el Diccionario de americanismos.

Entre los venezolanismos aceptados figuran sifrino, sifrina, hablapaja, guayoyo, mandoca, matraquear, vergación, frasquitera, firifiri, fomentera, enchinchorrarse, coñaza, chocancia, alpargatuda, alpargatudo, antiparabólico, catorcera, arrebiate, arrejunte, coletear, asquerosito, cachachá y atajaperros.
Palabras en espera y gentilicios incorporados
Barrera también señaló que decenas de expresiones quedaron en lista de espera mientras la comisión sigue reuniendo evidencias documentales. Mencionó como ejemplo manguangua y fuñir.
Entre los gentilicios incluidos aparecen acarigüeño, acarigüeña; zaraceño, zaraceña; anaquense; altagraciano, altagraciana; barbarense; baruteño, baruteña; boconés, boconesa y calaboceño, calaboceña.
Tras el anuncio, vergación se convirtió en una de las palabras más comentadas en internet por su carga soez. Barrera sostuvo que todas las palabras pueden figurar en un repertorio lexicográfico porque el diccionario registra usos, no los autoriza.
El académico agregó que la presencia de estos términos en el DLE también refleja la migración del vocabulario impulsada por la diáspora y la conectividad digital, un fenómeno que, a su juicio, puede hacer que voces locales pasen a un uso más amplio.



