Un estudio de científicos japoneses y argentinos halló cáscaras de huevo de dinosaurio en la Formación Chorrillo, en el Cretácico Superior, en las zonas más meridionales de la Patagonia. La ubicación era tan fría que, según la hipótesis planteada, los titanosaurios habrían necesitado un sistema de calentamiento para que sus huevos eclosionaran.
Un hallazgo en el extremo sur de la Patagonia
Las cáscaras pertenecen, posiblemente, a titanosaurios. El lugar del hallazgo está demasiado cerca del polo sur y, según la comparación citada en Science Alert, el clima de entonces habría sido similar al de Nueva York; si se mira con referencia a España, podría parecerse al de Bilbao.
Por eso, los autores del estudio publicado en la revista Royal Society Open Science sostienen que hacía demasiado frío para que las crías nacieran sin alguna ayuda adicional.
La hipótesis: una incubadora hecha por los propios dinosaurios
Los científicos observaron que las cáscaras tenían poros grandes y abundantes. Esa característica suele asociarse con huevos enterrados, pero el equipo calculó que solo enterrarlos no bastaría para conservar el calor necesario.
Entonces miraron a dos parientes actuales de los dinosaurios: los cocodrilos y las aves. En cocodrilos de agua salada y en talégalos australianos, la materia vegetal en descomposición sirve como una especie de incubadora natural, porque las bacterias liberan calor durante la degradación.
La propuesta es que los titanosaurios pudieron recurrir a un mecanismo parecido. No obstante, los autores admiten que la idea sigue siendo una hipótesis: hay pocos yacimientos con huevos de este dinosaurio y la única forma de confirmarla es encontrar más restos y nuevas pistas.




