Un labrador de Lalín que llegó a la ciencia europea

Pedro Xosé Rodríguez González nació el 25 de octubre de 1770 en la parroquia de Bermés, en Lalín, y pasó de ser el séptimo hijo de una familia de labradores de Pontevedra a convertirse en una figura clave de las matemáticas de su tiempo.

La historia lo recuerda como el Matemático de Bermés o como el “matemático Rodríguez”. Su formación comenzó gracias al apoyo de un tío eclesiástico, que costeó sus estudios en el Colegio de Humanidades de Monforte de Lemos. Después pasó a Santiago de Compostela, donde estudió gramática, latín, filosofía y teología, aunque terminó inclinándose por las matemáticas de forma autodidacta.

En 1798 ya era catedrático suplente de matemáticas sublimes en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago. Dos años después ganó la cátedra por oposición. El tribunal que lo examinó envió al rey Carlos IV una frase rotunda: “Rodríguez es uno de aquellos genios que de raro en raro forma la providencia para los conocimientos sublimes”.

Ese mismo impulso lo llevó en 1803 a pedir permiso para viajar a París, donde estudió astronomía y matemáticas bajo la tutela de Jean-Baptiste Biot y se relacionó con Pierre-Simon Laplace.

La expedición que ayudó a definir el metro

En 1806, el gobierno español lo nombró comisario en una expedición internacional liderada por François Aragó y Biot. La misión buscaba prolongar la medida del arco de meridiano de París hasta la isla de Formentera, una base necesaria para establecer la longitud exacta del metro, definida como la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano que pasa por París.

El trabajo avanzó hasta que la guerra de independencia complicó todo. La expedición llegó a conformar el triángulo geodésico número 17, con vértices en Camp Vell, en Ibiza; la Mola de Formentera; y la Mola del Esclop, en Mallorca. Fue la primera vez que se midió un gran triángulo geodésico sobre el mar.

Cuando Aragó quedó atrapado en Mallorca y fue detenido en el castillo de Bellver, Rodríguez maniobró para ayudarle a salir. El episodio costó meses de trabajo, aunque los datos de medición se salvaron, según el documento de medición citado en la información disponible.

La prueba de la Tierra y un final sin nombre

En 1809 viajó a Inglaterra con el encargo de examinar establecimientos científicos británicos. Allí revisó los cálculos del teniente coronel William Mudge sobre el meridiano de Greenwich, encontró un error de latitud en Arbury Hill, en Northamptonshire, y concluyó que Isaac Newton tenía razón: la Tierra está achatada en los polos.

La comunicación se presentó el 4 de junio de 1812 ante la Royal Society de Londres bajo el título ‘Observations on the measurement of threes degrees of the meridian’. La leyó su amigo José de Mendoza y Ríos.

Después fue a Gotinga a estudiar cristalografía bajo la supervisión del mineralogista Abraham Gottlob Werner y se relacionó con Carl Friedrich Gauss. En París, en 1817, René Haüy le regaló una colección de 1.024 modelos cristalográficos tallados en madera, hoy conservada en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Santiago de Compostela.

Rodríguez rechazó ofertas para dirigir el Observatorio Astronómico de San Petersburgo y para ocupar una cátedra de Astronomía en París. En 1819 fue nombrado director del Observatorio Astronómico de Madrid y también fue uno de los fundadores de la Universidad Central de Madrid, germen de la actual Complutense, como recuerda ese antecedente universitario.

Entre 1821 y 1823 fue diputado por Galicia durante el Trienio Liberal. Pero en 1823, con la restauración del absolutismo, le retiraron la cátedra. Enfermo y sin recursos, se trasladó a Portugal para trabajar con las universidades de Coímbra y Lisboa. Regresó a Santiago en septiembre de 1824 y murió el 30 de ese mes. Lo enterraron en la iglesia de San Agustín, bajo una lápida sin nombre ni inscripción.

Su memoria quedó dispersa durante décadas. En Lalín hay una calle con su nombre y un busto en el campo de la fiesta de Bermés, que fue falso, aunque luego lo sustituyeron. En el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza aparece tallado junto a José Chaix, y la Real Academia Gallega de Ciencias lo eligió Científico Gallego del Año en 2024.