Ahora que las pajillas de plástico podrían encaminarse hacia la extinción, el amor de la gente por los globos ¿también podría desinflarse?
Las animadas celebraciones donde se sueltan globos al aire han molestado desde siempre a los ecologistas porque dicen que las piezas que caen de regreso terminan como alimento para peces y tortugas. Por eso mientras las compañías ahora prometen prohibir las pajillas de plástico, cada vez hay más señales de que los globos serán de los productos que tendrán mayor escrutinio, a pesar de que son una pequeña parte de la contaminación ambiental.
Este año la Universidad Clemson pondrá fin a su tradicional liberación de 10.000 globos antes de los juegos, una decisión que es parte de sus esfuerzos de sustentabilidad. En Virginia, se está extendiendo una campaña que pide usar otras alternativas que no sean globos para las bodas. Y en un pueblo en Rhode Island prohibió desde este año toda venta de globos para proteger a la vida marina.
“Hay todo tipo de alternativas buenas que no sean globos, muchas formas de expresarse”, dijo Kenneth Lacoste, gobernadora de New Shoreham, Rhode Island, quien menciona ejemplos como piñatas, afiches y papeles decorativos.
