La situación observada frente a la estación de bombeo de agua Santa María, en la parroquia Chiquinquirá, ha sido descrita como grotesca, insólita y deplorable. La administración de Hidtolago ha denunciado que alguien ha talado unos árboles en la entrada de ese lugar donde abastecen de agua a camiones cisternas. Esta acción por parte de algún individuo ha ignorado completamente las condiciones ambientales de Maracaibo y ha causado un impacto negativo en la regulación climática de la ciudad.
En esta época del año, cuando llega el mes de mayo, deberíamos estar viendo cómo florecen las plantas y árboles, y cómo las aves e insectos multiplican gracias a ellos. Sin embargo, en Maracaibo, esta situación se ha desvirtuado por personas, sean públicas, privadas o particulares, que se dedican a destruir lo que la naturaleza nos brinda. Esto contrasta con el florecimiento de árboles y plantas que hemos observado en el Jardín Botánico de Maracaibo, donde se trabaja fuertemente para ofrecer oxígeno y sombra a la comunidad.
Ciudades desérticas, como Maracaibo, con un déficit de más de cinco millones de árboles, sufren del efecto del calentamiento global causado por la contaminación y la emisión de CO2 a la atmósfera. Los árboles, además de purificar el aire, formar suelos fértiles, evitar la erosión, mantener ríos limpios y capturar agua para acuíferos, sirven como refugios para la fauna, propician el establecimiento de otras especies, reducen la temperatura del suelo y mejoran las condiciones ambientales. Asimismo, gracias al proceso de fotosíntesis, los árboles son capaces de absorber CO2 de la atmósfera y a su vez expulsar el oxígeno que necesitamos para vivir.
Es necesario que las autoridades investiguen lo sucedido en la estación de bombeo de Santa María y apliquen sanciones y medidas correctivas necesarias para remediar el daño. También se deben promover jornadas de siembra de árboles en las áreas urbanas, y en las cabeceras de ríos y embalses para mejorar la regulación del agua y el clima.
