Alrededor de 80 familias desplazadas por un doble sismo conviven en el refugio transitorio Ciudadela de Catia, situado en el oeste de Caracas, en medio de fallas de infraestructura, ausencia de intimidad y una convivencia cada vez más compleja. La falta de registros oficiales segregados por sexo y la escasez de baños seguros incrementan los riesgos para las mujeres en este recinto.
Claves

- — Más de 70 familias conviven en el albergue Ciudadela de Catia tras emergencias naturales.
- — La ausencia de baños seguros e iluminación nocturna eleva la vulnerabilidad ante el acoso.
- — Organizaciones de derechos humanos advierten sobre la falta de perspectiva de género en la respuesta estatal.
Desafíos diarios y convivencia en el albergue
Romelia, una adulta mayor de 77 años damnificada del sector Casalta III, suma 70 días de estancia en este espacio tras perder su vivienda. Aunque destaca que cuenta con alimentación variada y atención médica en un Centro de Diagnóstico Integral (CDI) contiguo, lamenta la falta absoluta de privacidad y la obligación de compartir espacios con más de 200 personas. La rutina de aseo requiere levantarse de madrugada para aprovechar los sanitarios limpios antes de que se deteriore el mantenimiento común.

Una situación similar enfrenta Fátima, madre de una adolescente de 16 años, quien habita en el mismo lugar tras el colapso del terreno donde se erigía su hogar en Gramoven. Para ella, la estancia exige cautela y una vigilancia constante ante la presencia de conductas difíciles que pueden derivar en roces violentos.
Riesgos y ausencia de protección con perspectiva de género

El campamento Ciudadela de Catia aloja a unas 50 familias del Distrito Capital y 30 del estado La Guaira, sin que hasta ahora exista una fecha estimada para su reubicación definitiva. Proyecciones del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el organismo de la Organización de las Naciones Unidas especializado en salud sexual y reproductiva, estiman que cientos de miles de mujeres y niñas habitaban en los territorios más afectados por los sismos.
956.400 Niñas, adolescentes y mujeres jóvenes habitaban en las zonas de mayor intensidad sísmica, según estimaciones del UNFPA.
Gabriela Buada, directora de la organización Caleidoscopio Humano, una organización no gubernamental dedicada a la defensa de los derechos humanos, advirtió que la respuesta estatal omite la perspectiva de protección en los albergues improvisados, los cuales operan con un hacinamiento crítico y sin divisiones que garanticen la separación por sexo. La falta de puertas con cerradura y de alumbrado en los pasillos expone a las ocupantes al acoso y a posibles agresiones, mientras el peso del trabajo doméstico no remunerado recae de forma desproporcionada sobre ellas.
