Se cumplen 20 años de su partida. El 6 de marzo de 1995 sucumbió a una lucha de 17 años contra un cáncer de piel, se acercaba a los 80 años. La sombra del deterioro se posa sobre varias de sus obras. La casa-museo donde nació sufre de f
Se cumplen 20 años de su partida. El 6 de marzo de 1995 sucumbió a una lucha de 17 años contra un cáncer de piel, se acercaba a los 80 años. La sombra del deterioro se posa sobre varias de sus obras. La casa-museo donde nació sufre de filtraciones. El mural que pintó en el destacamento de la Guardia Nacional de Altagracia, y que tituló Miranda, Bolívar y Urdaneta, fue destruido. En la plaza Miranda también se esfuma una de sus piezas más emblemáticas. La indiferencia opaca escenas donde hizo gala del realismo social, corriente en donde dio rienda suelta a su pincel rebelde.
Ramón Rodríguez, quien durante ocho años fue su discípulo, describe a su maestro. “Su obra es de protesta, llama a la conciencia, a meditar en lo que tenemos, a respetar el ambiente. Hablar de Bracho es hablar de una de las personas más polifacéticas que ha nacido en Los Puertos de Altagracia. Amó la literatura, fue escritor, docente, pintor a caballete, vitralista y muralista. Decía que la letra entra con sangre. Nos enseñó a querer la patria chica, Los Puertos de Altagracia. Era de temperamento fuerte, te decía las verdades crudamente. Siempre profesó ideas de izquierda. Llegó a ser militante del partido Comunista”.
Uno de sus autorretratos ubicado en la casa-museo, en pleno casco histórico de Los Puertos de Altagracia.
Cuando lo conocí —recuerda nostálgico Rodríguez— “tenía 16 años, cursaba segundo año de bachillerato. Él vio unos retratos en carboncillo y se interesó por mi trabajo. Desde el año 86 hasta el 94 fui su discípulo. Un día con él era formidable. Siempre inquieto, pintando, arreglando algo, con sus pinceles, haciendo bocetos. Cuando terminaba se sentaba en el patio y me contaba de la vida, de la política, del arte”.
Tenía 20 años cuando se fue a estudiar en el colegio de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas. Allí estuvo con César Rengifo, Héctor Poleo, Pedro León Castro, pioneros del realismo social en Venezuela. Es conocido por su obra muralista, porque fue uno de los primeros en el país y se asoció con los más grandes maestros de la época.
Su recorrido internacional comenzó en Chile, en la Escuela de Artes Aplicadas de Santiago de Chile. Luego se fue a Europa. Se estableció en París y expuso en varios países.
En el año 51 regresó a Venezuela como un artista formado y se enamoró de una estudiante de letras de la Universidad Central de Venezuela, Velia Bosch, biógrafa de Teresa de la Parra. Un año después se casan en Caracas. De esa unión nacieron: Gabriel Eduardo, Amalia Rosa, Eduardo y Rodrigo.
Varias filtraciones afectan la estructura.
El mural Los Puertos y el Petróleo ubicado en el solar de la casa-museo sucumbe ante el deterioro.
La puerta de acceso muestra las huellas del tiempo.
En plena época perejimenista —subraya Rodríguez— “son apresados muchos dirigentes comunistas, entre ellos Bracho. Fue liberado, pero la seguridad nacional le seguía los pasos, porque él en su arte siempre reflejaba la protesta, la denuncia y eso no le caía bien al gobierno de Pérez Jiménez. En el año 56 se exilia en México, lugar donde tuvo la influencia del reconocido muralista David Alfaro Siqueiros. También influyeron en su crecimiento artístico Rivera, Angiano, Berdecio, Aguirre, Beltrán y Villagómez. Después del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez regresa en el 58 y ejerce como docente de artes plásticas. Era un maestro en sí, estuvo más de 33 años dando clases en los liceos de Caracas”.
El mural Miranda, Bolívar, Historia en el año 89 —narra— “ lo ayudé en el traslado de material y a pegar los mosaicos que están al frente. También colaboré el que está en la casa del doctor Guido Puche, La Caja Plástica”.
Se le detectó cáncer de piel en 1979. Tenía una exposición en Moscú y no pudo asistir a la inauguración por sus quebrantos de salud. Lo atendieron oncólogos de la Unión Soviética y de Estados Unidos. En el año 80 empezó a recibir quimioterapias. Para 1995 ésta hizo metástasis. Fue velado en capilla ardiente por tres días en la funeraria Vallés en Caracas. El entonces presidente Rafael Caldera asistió a las exequias.
Laura Cardozo de Áñez, una maestra jubilada de 84 años, cuida con abnegación maternal la casa- museo. Se lo prometió a Bracho. El amor la acompaña en su promesa y también la angustia de ver sus murales en un deterioro sostenido. Desde 1991, la casa no tenido mantenimiento, ni restauraciones. En 1993 la estructura fue declarada museo nacional por el entonces ministro de Cultura, José Antonio Abreu. La intemperie y el paso del tiempo de a poco borran la huella del maestro.
Laura Cardozo de Añez, a sus 84 años, cuida con abnegación la casa-museo Gabriel Bracho.