Decenas de familias afectadas por el doble terremoto del 24 de junio hallaron refugio en la plaza Juan Pedro López, en el centro de Caracas, mientras esperan condiciones para volver a sus hogares y reciben atención primaria de estudiantes de enfermería.

Una plaza convertida en refugio tras el doble terremoto

La plaza Juan Pedro López, parte de las instalaciones del Banco Central de Venezuela (BCV), se ha convertido en un punto de resguardo para residentes de zonas cercanas que temen volver a sus viviendas por las afectaciones que dejaron los sismos.

Allí, los damnificados reciben atención primaria por parte de estudiantes del Colegio Universitario de Enfermería (CUE), mientras organizan su permanencia temporal y esperan una solución para regresar a sus hogares.

Arianny Jiménez contó que vivía con su familia desde hace 15 años en un terreno de la avenida Baralt, cerca de Puente Llaguno, pero salió de allí porque un edificio aledaño quedó con daños y teme que pueda caer sobre el espacio donde residían.

En ese lugar vivían otras 14 familias y alrededor de 8 niños y adolescentes. Jiménez dijo que se marcharon a Valencia, en Carabobo, regresaron y ahora no pueden volver porque el edificio podría venirse abajo.

Familias mayores y pacientes en busca de atención

Entre quienes llegaron a la plaza está Carlos González, de 84 años, residente de Casalta I, en la urbanización Generalísimo Francisco de Miranda. Acudió el 2 de julio para recibir atención primaria después de que el terremoto afectara seriamente su comunidad.

González relató que en el edificio número 6, frente a la escuela Baltazar Padrón, los tanques de agua de consumo interno fueron destruidos y las tuberías se rompieron, dejando a varios días sin agua a los vecinos.

El adulto mayor aseguró que la mayoría de los habitantes de esa urbanización son personas mayores y calificó como preocupante que los edificios permanezcan sin agua. También recordó que pasó dos noches en un banco de la plaza Bolívar, a pocos metros de allí, antes de que una inspección le indicara que podía regresar a su residencia.

El hombre también evocó el terremoto de 1967, cuando Casalta resultó muy afectada, y pidió a las autoridades de la Alcaldía de Caracas hacer las inspecciones y trabajos necesarios en la zona para que los residentes puedan vivir con tranquilidad.

Voluntarios y donaciones sostienen la atención día y noche

José Ignacio Perdomo, estudiante de enfermería y vecino de la plaza, contó que al enterarse de que muchas personas pasaron la noche allí decidió buscar apoyo para quienes seguían en el lugar.

Explicó que coordinó con una compañera y que el Colegio Universitario les prestó respaldo. Como había mujeres embarazadas, llevó un auscultador fetal y un tensiómetro para ayudar desde el primer momento.

El 25 de junio se instalaron en la plaza y el Colegio Universitario de Enfermería les asignó más enfermeros. Con el paso de las horas también llegaron donaciones de amigos y allegados, entre ellas toldos, banquitos, colchones y sábanas.

Para el momento de la entrevista, en la plaza había 136 niños, niñas y adolescentes, acompañados por sus familiares, además de 540 adultos. El grupo de voluntarios se mantiene allí las 24 horas del día y, durante la mañana, recibe apoyo del personal del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, cuya sede está diagonal a la plaza, para atender los casos que requieren una evaluación médica.