Carmen Sánchez está despierta desde las 5:00 de la mañana. Una ajetreada lista de oficios domésticos apresuraron su reloj. Lavar la ropa que quedó pendiente de ayer, regar las plantas, limpiar el piso del frente y lavar los baños se suceden una a otra entre las tareas.
“Mientras dejo la manguera en las matas, voy haciendo el almuerzo. De los baños me encargo todos los días, por eso, en unos 20 ‘minuticos’ los dejo brillantes. Lo que sí me da lidia es el porche; me lleva como dos horas, a punta de cepillo y agua”, cuenta la ama de casa, agobiada por el calor del mediodía, a una vecina.
Martín, uno de los tres perros de la familia, calma la sed con un “hilo” de agua que desprende de la llave el patio de la casa, ubicada en San Isidro, municipio Maracaibo. Él es el primero en recibir el baño “antipulgas” que Sánchez prepara, religiosamente, interdiario.
“¡Gracias a Dios tenemos bastante agua porque entre este calorón y la menopausia estoy sofocada todo el tiempo!”, suelta la zuliana tras su tercera ducha del día, a las 3:00 de la tarde. Al mismo tiempo que su esposo aprovecha para lavar su Cavalier año 2000 en el garaje.
Del otro lado de la ciudad, en el sector Pomona, está Yulianna Oliva, una secretaria de 32 años que aprovecha el día de agua para llenarle la piscina a sus hijas, por segunda vez en la semana.
Al terminar los quehaceres y como no tiene más ocupaciones, arrastra la manguera hasta el frente de la casa para “apaciguar” la arena que revolotea a toda hora y se instala en el piso rústico de la vivienda.
Este es el escenario que se repite en buena parte de los hogares zulianos que, luego de superar tres años de una aguda sequía, “gozan” del servicio de agua cada 36 horas.
Al problema se suman los botes de agua potable que “ahogan” algunos sectores de la capital zuliana, como es el caso del barrio 23 de Enero que presenta un “mar abierto” desde la semana pasada que se extiende unas 15 cuadras más abajo. Los vecinos reclaman la falta de respuesta de las autoridades, sin embargo, solo una asegura haber puesto la denuncia del caso.
El derroche del vital líquido amenaza el 72% de disponibilidad que tenían los embalses Manuelote, Tulé y Tres Ríos, para finales de enero. Igualmente, diluye la posibilidad de que para mediados de año se pueda llegar al esquema de distribución 24×24, tal como lo asomó el ministro de Ecosocialismo y Agua, Ramón Velásquez, en una reunión que sostuvo el mes pasado con Danny Pérez, presidente de Hidrolago.
Frente a quienes mantienen la llave “suelta”, están otros que la tienen “clausurada”. Una muestra es el barrio Los Andes, de Maracaibo, donde no cuentan con el servicio de agua desde hace más de 15 años.
“Es un martirio no tener agua. Todo lo tenemos que hacer a medias. A veces, no tenemos ni con qué cocinar”, lamenta Yohana Pacheco, quien detalla que se les “esfuman” 16 mil bolívares de la quincena en el pago de los camiones cisterna, en solo una semana.
El ecologista Elio Ríos sostiene que aunque “la población se adaptó por un período largo a los recortes de agua que devinieron del fenómeno de El Niño”, una vez que mejoró la situación, “se cree con la licencia de derrochar agua”.
Advierte que en la región urge la educación ambiental. “El agua que están botando nos va a hacer mucha falta”, insiste. Ante esto, propone que el Gobierno, las empresas y las familias asuman una responsabilidad ecológica compartida, destinada a valorar los recursos naturales.
“La gente debe comenzar por transformar los hábitos: bañarse con una cantidad de agua adecuada –lo equivalente a un balde–, cerrar la ducha mientras se esté enjabonando, lavar más prendas con la misma cantidad de agua (una o dos veces por semana) y evitar lavar los pisos con las mangueras”, son otras de las recomendaciones que aporta el especialista.
Además, considera que abocarse a reparar las tuberías averiadas y supervisar el correcto funcionamiento de los flotadores de los tanques también son prácticas prioritarias.
Mientras que en la línea de acción, la hidrológica zuliana puso en marcha una Sala Situacional encargada de atender y procesar diariamente las denuncias de despilfarro del líquido y los botes de aguas blancas.
“En lo que respecta a quienes malgastan el agua, las cuadrillas se dirigen a la comunidad para hacerles un llamado de atención, si no cooperan, se procede a cortar el servicio. Los implicados deben pagar el restablecimiento”, explica una fuente de la institución.
También precisa que “si reincide la falta, deben pagar de una a 10 unidades tributarias”.