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Así se vivió la multitudinaria misa que rindió honores a San Benito

Marielys Zambrano Lozada  / [email protected]

Tal y como estaba previsto para este domingo, las festividades en honor a San Benito, en el municipio Cabimas, concentraron una multitud de personas, calculada por los organizadores en unas 30 mil.

La avenida principal del casco central de la ciudad estaba atestada de gente esperando la homilía que arrancó a las 7:30 de la mañana. Temprano.

Previo a ello, ya había una logística amanecida. Los custodios y cargadores de San Benito habían sacado la imagen, pidiendo permiso al Santísimo,  desde las 4:00 de la mañana, para colocarla en la tarima y evitar el caos mañanero. Prepararon el altar, colocaron los afiches, uno de ellos con la imagen de un chimbanglero llamado Buenaventura González Chirinos, “El Niño”, perteneciente a la Sociedad de Chimbangueles La Libertad, quien murió hace poco. También colocaron los sacramentos en la mesa y comenzaron a custodiarla.

Los feligreses se apostaron frente a la tarima desde tempranas horas de la mañana.  

 

 

“Prácticamente no duermes. Fuimos los primeros en llegar para preparar todo. Esto lo hacía mi papá. Pero, cuando murió, esa tarea la heredé yo”, dice Juan Campos, hijo de Jesús Campos, quien perteneció al comité organizador por décadas.

 Una hora después llegó un  grupo de cargadores, vestidos de verde fosforescente, y se apostaron debajo de la tarima, justo al frente de la imagen, para ser los primeros en recibirla. Se tomaban de los codos haciendo una barrera que impedía a los otros cargadores, que llegaron más tarde, llevarse ese honor. Entre ellos estaban Alexis Mendoza y Ronald Nava.

Grupos de cargadores esperaban la bajada del Santo de la tarima.  

 

 

El ambiente mostraba un debate silente entre cargadores, celosos por tomar las primicias de agarrar al santo en el primer turno. El otro grupo visible, todos de franelillas escandalosas, amarillas, con los cabellos teñidos de igual color, cuadraban como acercarse más y arrebatar la imagen al momento en que la Iglesia la entregara oficialmente al pueblo.

Pero debían esperar que la misa iniciara y terminara.  El pueblo se concentró, lleno de fe, para oír, de boca de Monseñor William Delgado, obispo de la Diócesis de Cabimas, el contenido de la misa, cuyo tema giró en torno a la misericordia, un aspecto que caracterizó al Santo Negro, en vida, y que la Iglesia Católica ha tomado este año como bandera a replicar en sus feligreses.

“Cuando hacemos actos misericordiosos unimos el cielo con la tierra. Los actos de misericordia son corporales y espirituales. En estos tiempos donde hay escasez debemos ser misericordiosos con el necesitado. ¿Cómo lo hacemos? Dando de comer al hambriento, dando de beber al sediento, visitando al enfermo,  enterrando a los difuntos, enseñando al que no sabe, dando un buen consejo, recibiendo al que se equivoca, perdonando las injurias, consolando al triste. Compartir es un acto de misericordia. Hay un acto muy antiguo de esta práctica: dar posada al peregrino. José y María fueron beneficiados por alguien que les dio posada en momentos de necesidad”, dijo Monseñor Delgado.

Monseñor William Delgado presidió los actos.  

 

 

 

La misa era adobada por los vítores al Santo dispuesto en un extremo de la tarima. Luego del abrazo de la paz la expectativa creció, los gritos y el delirio aumentó, porque es señal que la homilía está en su ocaso. Desde el micrófono se escuchaba al prelado Jorge Pérez Duno, párroco de Catedral, diciendo en tono rogativo: “Por favor, esperen que termine la homilía. Quienes quieran comulgar, pueden pasar, al finalizar, a la Catedral, en orden”.

Y adentro, en Catedral, estaba Monseñor Roberto Lückert, quien era el encargado de oficiar la misa dominical. Él no se acercó al “bochinche”.

El delirio prosiguió a la frase: “Podemos ir en paz”, con la cual, la iglesia zanjaba su responsabilidad con el Santo y lo entregaba a los feligreses.  Aguardiente fue rociado a un San Benito jalado por los cuatro costados en medio de la gritería colectiva y un feroz desorden.

Sorpresivamente, de todas las personalidades que confirmaron presencia, ninguna asistió. En representación del gobernador del estado Zulia, Francisco Arias,  estuvo el secretario de Seguridad Ciudadana, Billy Gasca. Y en representación del alcalde de la ciudad, Félix Bracho, estuvo Pedro Duarte, director general.

Los cargadores del santo dijeron a PANORAMA: “Estábamos esperando al alcalde. Sabíamos que no iba a venir. Porque si viene, después de bajar al Santo de la tarima, lo íbamos a bajar a él. No ayudó como debía hacerlo. Muchos chimbángueles no pudieron participar en el acto,  porque no hubo ayuda para reemplazar los cueros de los tambores dañados”.

En la misa, el niño Ángel Benito fue subido a la tarima para tocar al Santo.  

 

 

Es que de 25 grupos confirmaron asistencia seis, porque los costos del acto son extremos para ellos. Deben tener garantía de agua, comida, uniformes y reemplazo de los cueros y varillas de los tambores.  En esta oportunidad, muchos de esos gastos corrieron por cuenta de devotos, agradecidos por favores recibidos del Santo, quienes colocaron banderas en las afueras de sus casas para que ingresen la imagen a la residencia, y allí les darán comida a los chimbangleros, una costumbre que este año fue una necesidad.

El director del ayuntamiento, Pedro Duarte, dijo: “Nosotros apoyamos con la logística del evento. Hay puntos de hidratación, colocamos la tarima, la seguridad, las ambulancias. Todo eso corrió por cuenta nuestra. Y no es fácil garantizar la logística para unas 30 mil personas que se congregan en una fiesta popular”.

Abajo, entre la gente, estaban mezclados los rostros del exgobernador Pablo Pérez y el diputado Alenis Guerrero, así como, el diputado electo a la Asamblea Nacional, Juan Pablo Guanipa. Ninguno subió a la tarima. Quizá para evitar roces políticos en una alcaldía chavista.

 

 

 

A la par que el Santo era cargado a lo largo de una procesión que abarca 13,8 kilómetros, rumbo a la zona sur de Cabimas, hacia el sector La Rosa, 20 limpiadores del aseo urbano y dos camiones compactadores, flanqueaban la procesión para limpiar los desechos, mayormente, vasos y botellas de vidrio, de ron.

“Tenemos que barrer toda la trayectoria del Santo desde ahorita hasta las 12 de la noche. Hay dos grupos de trabajo. 10 barredores en la mañana y 10 en la tarde. Quedamos con las caderas destruidas”, dicen Jorge Medina y Víctor Rodríguez, quienes insisten en la entrevista, que ellos votaron por la candidata revolucionaria Anniany Tigrera, y no quieren perder el trabajo. “Mire, anote eso allí, oyó”.

Jorge Medina limpia el caos que va dejando en las calles la procesión.  

 

 

Detrás de la procesión van los devotos, como María González, quien agradece a San Benito la ayuda para superar un problema familiar.  “Mi hijo, en agradecimiento, ingresó al equipo de cargadores. Hoy debuta”, dice.

Y también, los vendedores flanquean al río de gente devota, como Nelson Díaz, oriundo de San Jacinto, Maracaibo. Él llegó a Cabimas en carrito por puesto, en la madrugada, con un destartalado maletín de la muñeca Puka, cargado con 200 pitos plásticos y 200 cintas para la cabeza que tienen pintada la inscripción “San Benito”.

“Tengo tres hijos que mantener. En dos horas he vendido 80 pitos. Tengo 15 años vendiendo en San Benito. Es mi mejor día. Todo lo vendo a 100 bolívares”.  Nelson se sonríe. Porque sabe que si vende todo, se llevará a su casa 40 mil bolívares en un día.

Similar ganancia obtendrá  Yulibeth Salas con sus cuatro termos completos de café que espera vender, y Víctor Delgado, con sus pasteles, empanadas y refrescos.

La procesión va andando. A las siete de la noche regresa a Catedral. Una barricada de efectivos castrenses deben lidiar con feligreses y borrachos que no quieren irse ni dejar al Santo. Aunque  todos los años ingresan con mucha seguridad la imagen a Catedral, afuera queda el hervidero, hasta la medianoche o 3:00 de la mañana, cuando por altavoces los policías dicen: “Ya esto terminó.  Señores, vayan a sus casas, por favor. Ya no deben permanecer aquí. ¡Ya está bueno, ya!”. 

 

 

 

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